You can fool all the people some of the time, and some of the people all the time,
but you cannot fool all the people all the time.
(Abraham Lincoln)

viernes, 19 de agosto de 2016

El coraje de decir no


Leyendo otra enésima obra maestra de Romain Gary (“Las cometas”, estremecedora novela sobre la Resistencia en Francia en la II Guerra Mundial, libro cargado de sabiduría, sensibilidad, visiones contrarias a cualquier apriorismo y cualquier prejuicio, como siempre en todos los textos de este genial autor), pensaba en qué fácil es tranquilizar la propia conciencia de uno diciéndose a sí mismo ante diversas situaciones que no se puede hacer otra cosa que lo que todo el mundo hace.
Pero no, los grandes siempre son capaces de rebelarse ante lo “posible”, lo “normal”, lo “esperado”, el “no se puede hacer otra cosa”…
En la Francia ocupada por los nazis pronto, muy pronto, una gran  mayoría de franceses aceptó la invasión y miró para otro lado cuando empezaron las purgas, las deportaciones, el Holocausto (no todos los campos de concentración en los que se gaseó a judíos y otras personas estaban en la lejana Polonia, también en las afueras de Estrasburgo, por ejemplo, cosa sabida por todos ya entonces). Muchos otros franceses no sólo se refugiaron en la inacción y el “nada puede hacerse”, sino que incluso colaboraron con encendido entusiasmo fascista en delaciones, denuncias, asesinatos. Al menos también algunos se unieron al movimiento del maquis y la Resistencia echándose al monte a combatir a los nazis.
Pero además unos pocos, sin otra arma que la de la fortaleza moral, se rebelaron ante el “nuevo orden” instituido por los nazis.
El pueblo de Le Chambon-sur-Lignon será eternamente ejemplo de cómo siempre se puede decir no cuando tu fortaleza espiritual está por encima del egoísmo, la desidia y la miseria humana.
André Trocmé, pastor protestante, fundó con su esposa Magda y el pastor Edouard Theis una escuela en los años 30 en el pueblo. Daniel Trocmé, primo de aquéllos, fundó otra.
En octubre de 1940 llegó una orden de Petain que imponía la ceremonia del homenaje a la bandera con el saludo fascista. Los Trocmé, Theis y Roger Darcissac, director de la escuela de André, decidieron iniciar su resistencia pacífica al régimen de Vichy y a los nazis alemanes. No obedecieron, y a partir de ahí multiplicaron los actos de desobediencia civil hasta más allá del heroísmo.
A partir del invierno de 1940 empezaron a recibir y proteger a judíos perseguidos. Un año después y ante la llegada de más refugiados, Trocmé propuso al pueblo convertir a Chambon en ciudad de refugio. Crearon una Casa de Refugiados para alimentar, vestir, proteger y acoger a los que huían, y aceptaron en las escuelas a los hijos de los deportados (estaba prohibido que los niños judíos fueran al colegio, pero ellos desobedecieron).
Llevando el pueblo a la práctica una “simple” estrategia (tan insensata en aquellos días en que la vida no valía nada): "vencer el mal con el bien", hasta cinco mil refugiados fueron escondidos en cocinas, establos, mansardas, bodegas o sótanos y el pueblo se convirtió en una aldea de refugio eficaz pese a las constantes amenazas nazis. Cada grupo de refugio actuaba separadamente de los demás. Así, si la policía torturaba a un responsable, éste no podía revelar nada que destruyera toda la organización. A pesar de ello, algunos miembros fueron detenidos y ejecutados.
En 1943 fueron encarcelados en el campo de concentración de Saint Paul d´Eyjeaux, André Trocmé y Roger Darcissac. En 1944 los nazis descubrieron que Daniel Trocmé tenía niños judíos en su escuela. Inmediatamente deportaron al pastor y a los niños al campo de exterminio de Majdanek donde fueron asesinados todos. Daniel fue condenado por esconder a los niños judíos, torturado y gaseado. Nada de ello hizo claudicar a los habitantes de Chambon en su decisión de resistir.

El coraje de toda una población que dijo no mientras los demás agachaban la cabeza permitió salvar la vida de 3.000 personas.

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