You can fool all the people some of the time, and some of the people all the time,
but you cannot fool all the people all the time.
(Abraham Lincoln)

miércoles, 20 de junio de 2018

Hacer las Indias

Arrecia el tema de la inmigración. Claro, solo la de los desesperados, sin papeles, que vienen a trabajar en lo que sea, ocupaciones desdeñadas aún por demasiados patriotas. La entrada de los privilegiados nordacas, visado y oferta laboral en mano, parece no preocupar ni siquiera a los que en verdad afecta.
En fin, que seguimos a vueltas con el tema de las pateras, el efecto llamada, la usurpación y abuso de nuestras sacrosantas sanidad y educación públicas "por la face", y otras interesadas falsedades.
Así que, teniendo en cuenta que algunos de los más jóvenes igual consideran cosa nueva el tema, reproduzco aquí hoy un artículo que publiqué hace ¡¡veinte años!! (sic). Qué vergüenza lo poco que se ha avanzado en el tema, si es que no se ha retrocedido:
Hacer las indias”: Cada vez me sorprende más la capacidad de memoria selectiva de los humanos. Yo hoy voy y me acuerdo de mi abuelo Clemencio, que nació en un pueblo de Burgos, y que también un día, como tantos otros, tuvo que irse a “hacer las Indias” cogiendo su hatillo y navegando, mucho más allá de donde llegarían las aguas del Arlanzón, rumbo a las del Río de la Plata, cuando la Gran Guerra asolaba Europa a principios del siglo XX, y él buscaba las mínimas condiciones y el bienestar que transforman la animalidad de nuestra especie en esa realidad superior que debería ser la raza humana.
Argentina no tenía si quiera cien años de independencia y el recuerdo de los españoles no era, precisamente, el mejor. Sin embargo, aquellas tierras recibieron a mi abuelo, se abrieron de par en par acogiéndolo. Y pocos fueron los años que allí hubo de pasar, pues en seguida ganó suficiente dinero para regresar a España y restablecer su negocio y su familia, gracias a lo que aquí me tienen, escribiendo.
Hoy son otros los que, movidos por la miseria física e intelectual, tienen que emprender camino desde África o América para ‘hacer la Europas’. Pero esta tierra (que consideramos ‘nuestra’ por la casualidad de haber nacido en ella) nos negamos a compartirla y no la abrimos, y no acoge a los desheredados sino que, como la distancia es el antídoto de los remordimientos, los apresa para devolverlos a una muerte tan lejana de nosotros que no nos espanta ni azora, como quien tiene un problema y, en fin, lo soluciona, o un dolor de muelas y tira la dentadura al vertedero.
Pero, en un mundo globalizado, ¿quién es un extranjero y quién no?, ¿qué derecho podemos esgrimir en el "primer mundo" para decir que esta tierra es nuestra y sólo nuestra?, ¿quién nos ha otorgado el título de propiedad en exclusiva de nuestro paisaje y sus frutos?, ¿hasta cuándo las fronteras van a ser muros que separan y no invisibles punzadas de hilo que unan los países en los mapas?, ¿cuántos ahogados más deben abonar el Estrecho para comprender que somos también responsables de algo trascendental que está pasando en el Sur, en todos los sures que existen?
Así que en esta fecha vergonzante recuerdo al Jefe indio Seattle, que un día dijo al hombre blanco: “¿quién puede comprar o vender el Cielo o el calor de la Tierra o la velocidad del antílope? No podemos imaginar esto si nosotros no somos dueños del frescor del aire, ni del brillo del agua. Pues nosotros sabemos que la Tierra no pertenece a los hombres, que el hombre pertenece a la Tierra”.
(Imagen © Diario de Córdoba)

martes, 19 de junio de 2018

La contraola

Hace 18 años era posible ver una escena como esta sin miedo a recibir una demanda penal, española ley mordaza mediante o yanquee ley patriótica en mano.
¡Qué cosas! Mi hija mayor (17 años recién cumplidos) no había nacido entonces. Tal vez para ella algo como lo que sale en este vídeo sea impensable a la luz (a las sombras, quiero decir) de los carpetovetónicos tiempos que le han tocado vivir.
Por culpa nuestra. Que callados y dominados por el miedo y la inseguridad hemos dejado que se pierdan tantas conquistas de la secularidad. Y debíamos haber tenido presente que, desgraciadamente, ninguna conquista social es irrevocable. Que no se puede bajar jamás la guardia, porque enseguida regresan los fundamentalistas del atavismo y nos usurpan la libertad.
En este vídeo de tres minutos memorables (obra de ese prodigio intelectual que es Aaron Sorkin), el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, abrumado por el mal que le rodea y el sufrimiento de los inocentes, impreca a dios (a cualquier dios, pues el acto tiene lugar en una catedral pero se denomina en el capítulo como funeral "aconfesional") y se desahoga ante él en una escena memorable.
Precisamente eso, memorable: no olvidemos, no, otra vez que en un tiempo, antes de la contraola mundial de puritanismo, intransigencia, fanatismo e integrismo pudimos ser así, hombres y mujeres libres frente a todo...

https://www.youtube.com/watch?v=UDtBPHXHKKA

miércoles, 13 de junio de 2018

Lecturas recomendadas (I)


A la sombra, negra y podrida, de lo que escuché ayer en una cena, dicho por un todavía alto cargo del Estado, escribo como un llanto esto.
Anoche, digo, oí decir que menudo problema lo del barco ese lleno de negros (sic) que venía para España. Porque resulta que el Aquarius al parecer es un barco de bandera británica, matriculado… en Gibraltar… ¡anatema! Eso sí que es grave y no que 629 personas desesperadas vayan a la deriva en medio del Mediterráneo, expulsadas de todos partes (bueno, de todas todas no, solo de Italia, la octava economía más boyante del mundo, y de Malta) sin comida ni agua, sin otra esperanza que su propia dignidad…
Se me ocurre, entonces, que tal vez la solución a la xenofobia una vez más esté en recomendar lecturas a los patrioteros. Lo mismo un día suena por casualidad la flauta y sus neuronas se lubrican y hasta piensan y sienten.
Empiezo entonces esta sección de “Lecturas recomendadas”, con una dedicada al vicepresidente del Gobierno italiano y ministro del Interior, Matteo Salvini, que dijo: "No metería nunca a mi hija en una barca que puede hundirse". (https://www.huffingtonpost.es/2018/06/06/el-vicepresidente-del-gobierno-italiano-no-meteria-nunca-a-mi-hija-en-una-barca-que-puede-hundirse_a_23452111/ ).
Y la lectura recomendada es…:
“Marco, de los Apeninos a los Andes”.
Relato breve de Edmundo de Amicis publicado en 1886. Realista y cruda visión de la emigración italiana de finales del siglo XIX, narra la historia del sobrecogedor viaje (incluido un mes en barco) de Marco, un niño de trece años, desde Italia hasta Argentina, en busca de su madre, que sumida en la pobreza lo había abandonado en Génova dos años antes para emigrar al país sudamericano.
El que pueda entender, que entienda (Apocalipsis, 3, 22).


martes, 12 de junio de 2018

Ayuda que pido a los de mi generación



Queridos contemporáneos. Hay cosas que solo hoy me doy cuenta que uno, yo en concreto, hereda y las replica en los pobres vástagos del Libro de Familia, de modo automático, irreflexivo y sin la menor comprobación. Reconozco que no tengo el carné oficial de padre. Vivir conmigo es como ser cobaya de laboratorio…
Por ello a vosotros acudo, en esta hora de sorpresas políticas y filosóficas, buscando la iluminación de la vuestra Razón (pura):
¿Beber con pajita llena el estómago de aire de los niños y les impide comerse la cena?
¿Es absolutamente indispensable tomarse una medicina efervescente a toda velocidad porque si no “se le va la fuerza”?
¿Es también necesario beberse de un golpe un zumo recién hecho para que no pierda las vitaminas?
¿Todo niño que se bañe en el mar o una piscina con menos de tres horas de digestión sufrirá el corte brusco de la misma?
En fin, decenas más de angustiosos interrogantes me acucian, pero valgan estos hoy…
¡Salve!

jueves, 17 de mayo de 2018

La Sociedad de los Irresponsables


Tengo una creciente impresión de que los nordacas vivimos en una época hedonista cuyo principal eslogan y más importante motivación es la de que todo es posible, que no nos cortemos por nada, que explotemos cuanto se nos ponga por delante. O por detrás. O por los lados. Todo es nuestro. Nos lo merecemos por no sé qué arcano axioma y es un Derecho tan Fundamental como los constitucionales.
La tecnología, con las increíbles posibilidades que ofrece, ha jugado mucho en este “a por todo” sin importar nada de lo que suceda fuera del estricto y propio goce. Así ocurre que, parejo a ese furor por hacerlo todo, tenerlo todo, usarlo todo, va el hecho de no recapacitar en las consecuencias. Porque el mero hecho de pensar en nuestra huella sobre la realidad nos arruinaría el espectáculo.
Pero este hecho (el desinterés por recapacitar sobre las consecuencias) se ha convertido él mismo en una cuestión de primera magnitud tan importante como la misma que lo genera (el deseo sin freno). Más grave aún, pues transforma no solo la manera de actuar sino la de “ser” en el mundo.
Por ejemplo, los nordacas consumimos de un modo feroz. ¿Que eso tiene implicaciones ambientales innegables: agotamiento de recursos, contaminación, insolidaridad? Pues da lo mismo. Porque nosotros nos hemos “ganado” el derecho a hacer lo que nos venga en gana. Y no vamos a renunciar a nada en absoluto. Ni siquiera consideramos limitarnos mínimamente en nuestras infinitas ambiciones.
Así estamos acuñando la Sociedad de los Irresponsables. Y ocurre también como con la genética. Otro ejemplo paradigmático de esta Sociedad de los Irresponsables.
La genética se ha erigido en diosa ubicua de nuestra realidad social. Todo, literalmente, está en los genes y eso parece eximirnos de cualquier acción de la voluntad.
¿Que tienes una fibrosis de hígado? No es culpa tuya y de tus gintonics, qué va. El culpable es el gen de la hemocromatosis.
¿Que tu obesidad destroza tus articulaciones, apenas te deja respirar o dormir? Qué se le va a hacer, no se trata de privarte del décimo donuts, cuando el causante de aquello es no sé qué gen heredado. Y si tu padre resulta que no fue tan gordo como tú será por casualidad. Habría que ver a tu tatarabuelo.
¿Que te da por robar minucias en los supermercados? Tampoco eres responsable, seguro que hay un gen que te predispone a ello, pobrecito tú.
¿Que tienes un accidente por ir bebido o drogado? Habrá que estudiar qué gen te ha hecho cometer tamaño dislate.
Es todo puro-impuro enmascaramiento, infecto subterfugio. No niego la influencia de la genética. Pero en diferentes medidas. No todo son los genes y, sobre todo, los genes no son lo único. Y aunque a veces en situaciones concretas nos traicionen, ello no puede suplantar el valor de la voluntad. El hecho de  asumir nuestra propia responsabilidad para con nosotros mismos y con el mundo. El resto son excusas de niño que solo piensa en pasárselo en grande e intenta convencernos de algo imposible cuando le han pillado haciendo una trastada…

jueves, 26 de abril de 2018

Decadencia y muerte del (fugaz) imperio americano



Miro las imágenes de inmensas metrópolis de los Estados Unidos de Norteamérica (EEUU), como Detroit, convertidas en eriales casi apocalípticos (a veces parecidos a ciertas ciudades sirias asoladas por las bombas). Por sus destartalados suburbios deambulan vagabundos, buscavidas y hampones junto a personas, en triste mayoría, que desgraciadamente representan la mayor mediocridad de la naturaleza humana, desprovistos de las más elementales virtudes, ignorantes de cualquier ética, exiliados de su propia civilización.
También visito otros lugares que pretenden apuntalar la fantasía de que los EEUU se mantienen en la primera línea de la modernidad. Pero tras el cansino oropel de sus comerciales artistas, de los escaparates de objetos de mediocre lujo y de coches como tanques, lo que brilla es la oscuridad. La de las bolsas de basura tiradas por doquier, la de la suciedad ubicua, la de las antiguallas tecnológicas (esos interruptores de la luz en los hoteles y en las casas, esos electrodomésticos de diseño prácticamente soviético…), la del penoso transporte público, la del atraso petrolífero de espaldas al sol y al viento…
Creo que no quieren darse cuenta y aceptar que la debilidad de lo público es, entre otros factores, lo que ha llevado a la decadencia imparable de EEUU. El desprecio por los servicios públicos, por la fuerza de la comunidad organizada, ha devenido en el abandono y la depauperación de una sociedad marchita. La entronización del individualismo, el papanatismo ante el supuestamente humilde emprendedor que trabajando (aunque más a menudo que nunca delinquiendo o defraudando) consigue ser millonario: icónica imagen del sueño americano. Poco de sueño, mucho de solo americano. Porque todo ese opaco resplandor de neones de pleistocénica generación apenas enmascara ya la caída del inane imperio, el triunfo imparable del crepúsculo. Éste sí muy crepúsculo y totalmente americano.
Es esta mi percepción: que EEUU, no es que esté en los albores de la decadencia de su efímero imperio sino en pleno desmantelamiento del mismo. Por mucho que su poderío militar, su armamento capaz de destruir el planeta varias veces, haga que la nación boquee en la quimera de creerse un imperio aún reinante, no son ya sino escombros. Cascotes cuya capacidad de interlocución en la esfera internacional se reduce día a día. Su pretendido liderazgo, EEUU no puede ya ejercerlo sin el permiso de otros.
Además, lo peor es que creo que muy poco de lo que fue su fugaz imperio se recordará dentro de mil años, pues ha sido un poder anodino y bárbaro sin legado cultural. Al menos comparándolo al de otros imperios en la historia (el español, hablando de lo más cercano a mí, duró varios siglos y nos dejó, por dar un solo ejemplo, “El Quijote” de Cervantes).
Ahora, la gran pregunta sería: ¿qué imperio es el que ya está tomando las riendas de la Historia? Pocas dudas puede haber al respecto.
Así, a la luz y sombra del último encontronazo comercial entre China y EEUU, harían bien Trump y futuros presidentes del renqueante imperio americano en recordar el mensaje de advertencia que Quianlong, el gran emperador manchú de China, envió en 1795 al rey Jorge III del Reino Unido: “Al dominar el ancho mundo no tengo más que un objetivo en mente, y es este: mantener un gobierno perfecto y cumplir los deberes del Estado. Los objetos extraños y costosos no me interesan […]. No necesito las manufacturas de su país […]. Le corresponde, Su Majestad, respetar mis sentimientos y mostrar incluso mayor devoción y lealtad en el futuro, para que, con la perpetua sumisión de vuestro trono, aseguréis en lo sucesivo la paz y la seguridad para vuestro país […]. Nuestro Imperio Celeste posee todas las cosas en prolífica abundancia y no carecemos de productos dentro de nuestras fronteras. Por tanto, no había ninguna necesidad de importar manufacturas de bárbaros extranjeros a cambio de nuestros productos […]. No olvido la remota lejanía de vuestra isla, aislada del mundo por grandes extensiones de mar; tampoco ignoro vuestra excusable ignorancia de los usos del Imperio Celeste […]. Obedeced temblando y no deis muestras de negligencia”.
Ahí queda eso.

miércoles, 4 de abril de 2018

Mar de plástico. Greenpeace



Greenpeace:
La mancha de plásticos del Pacífico triplica ya la superficie de España.
Un nuevo estudio ha analizado la acumulación de plásticos en el océano Pacífico entre California y Hawái y es mucho más grande de lo que se creía hasta ahora. Al menos 79.000 toneladas de plásticos se encuentran flotando en su superficie, cubriendo un área de 1,6 millones de km², una superficie similar a tres veces el tamaño de España. Y sigue creciendo.
No es de extrañar, ya que la producción de plásticos va en aumento cada año. De hecho, en la última década se han producido más plásticos que en toda la historia de la humanidad. Se estima que en 2020 se superarán los 500 millones de toneladas anuales, lo que supondría un aumento del 900% con respecto a 1980. Cuanto más plástico se produce y más plástico consumimos, mayor es la cantidad de plásticos que acaba en el mar.
Y no se trata solo de un problema del Pacífico: en el mar Mediterráneo también hay miles de toneladas de plásticos flotando en superficie. Hasta 12 millones de toneladas de plásticos entran en nuestros mares y océanos cada año, de los cuales una pequeña proporción permanece flotando en la superficie, y la mayoría acaba hundiéndose y depositándose en el fondo del mar. Los plásticos que llegan al mar también acaban en nuestras costas y dentro de la fauna marina, causando graves problemas ambientales y llegando incluso incorporarse a la cadena alimentaria hasta llegar a nuestros platos.
El problema de los plásticos hay que atacarlo de raíz. Desde la campaña de plásticos de Greenpeace luchan para acabar con este tipo de contaminación en nuestros mares y demandan al Gobierno y las empresas que tomen medidas para reducir la producción y consumo de plásticos.