You can fool all the people some of the time, and some of the people all the time,
but you cannot fool all the people all the time.
(Abraham Lincoln)

sábado, 23 de mayo de 2020

Ingreso Mínimo Vital


Que el próximo martes se aprueba el Ingreso Mínimo Vital (IMV)… Habrá que decir aquello de que “Nunca es tarde si la dicha es buena”. En fin, la primera vez que unos cuantos propusimos meterlo en un programa electoral fue hace 16 años. Nos dijeron entonces (y luego cada ocasión en que volvíamos a sacar a relucir tamaña insensateces) que si estábamos locos, que eso era imposible… que si queríamos que se perdieran siempre las elecciones. Una vez contesté que se podía hacer la prueba, ya que ese partido mayoritario llevaba perdiendo elecciones con cierta asiduidad bajo la égida de la dictadura del “Pensamiento Único”. Un silencio sepulcral me contestó.
Y todavía, hace nueve años compartí reunión internacional con Guy Standing (http://www.guystanding.com/), profesor of Economic Security, University of Bath, adalid del “precariado” y copresidente del Basic Income Earth Network (BIEN), lo que hoy sería en España el IMV. Las carcajadas causadas aún me despiertan alguna noche. También me despierta la rabia de haber pasado la crisis financiera del 2008 rescatando bancos y dejando en la estacada a tantos ciudadanos.
En fin, que resulta que echando las cuentas ahora, 3.000 millones de euros al año (el 0,6% del presupuesto total de gastos del Estado), se demuestra que merece la pena el esfuerzo. Lo merece cuando al otro lado de la ecuación están la pobreza, la miseria precisa de ciudadanos concretos (850.000 hogares, dos millones de niños en situación de pobreza)…
Un kilómetro de vía de AVE cuesta de media 20 millones de euros. El mantenimiento cuesta unos 300 millones anuales y el presupuesto de ADIF anual suele superar los 3000 millones de euros. Actualmente la red de titularidad de Adif Alta Velocidad alcanza los 3.402 kilómetros, o sea 68.000 millones euros hemos invertido, entre otras necesidades esenciales para llegar a Toledo desde Madrid en media hora.
Pero bueno, volvamos al IMV, porque enseguida llegarán las críticas: fundamentalmente que si ello aquilatará una sociedad de vagos y de defraudadores. Por supuesto que habrá alguno que se querrá aprovechar de ello. Está en la triste naturaleza humana. Pero confío que los que pongan el grito en el cielo por posibles abusos, fraudes, vagancias, hagan lo mismo, y se indignen, por ejemplo, con los improductivos rentistas de capital inmobiliario. No olvidemos que las rentas del capital en España tributan menos que las del trabajo. No olvidemos el fraude, por “lícito” que sea, que es tributar por impuesto de sociedades en vez de por IRPF. No olvidemos los paraísos fiscales de algunos, no precisamente los que tengan derecho al IMV. Y sí, habrá alguno que defraude en este IMV, pero… ¿qué impacto tendrá su felonía comparada con las de grandes fortunas puestas de perfil?
En fin, en vez de la pobreza ganando la batalla en mi país, prefiero un IMV justo (pagado, no se olvide, con los impuestos de los ciudadanos trabajadores) aunque alguno me engañe. Como decía mi padre, más vale que digan de ti que eres tonto en vez de malo.



domingo, 10 de mayo de 2020

El asco



Es sorprendente, lo sé. Pero a veces un detalle nimio resulta ser la gota que desborda el vaso de lágrimas de la paciencia, ya mucho más que colmado. Quiero decir que, mira que ha habido momentos en estos meses para haberme espantado, rebelado, contra esta infame tipa, la Presidenta de la Comunidad de Madrid. Pero sus repugnantes fotografías de hoy (https://www.elmundo.es/madrid/2020/05/10/5eb6d37d21efa0181e8b457a.html ) me han enervado definitivamente.
Qué desvergüenza, qué asco. Pretender pretende engañar al presente y al futuro tergiversando la memoria en beneficio propio. Desfachatez.
En fin, nunca he creído que una imagen valga por cien palabras; más bien al contrario, una palabra vale más que mil imágenes.
Por eso, y porque toda la gente las ha visto y rebotado, no reproduzco aquí las infames fotos de esta “personaja” sin decencia ni respeto por sí misma ni por ningún ser humano.
Sus fotos en pose de Inmaculada Concepción de María. Ítem más, si yo fuera católico, me ofenderían.
Fotos penosamente maquilladas para querer transmitir una compunción falsa e insultante. Ítem más bis, si yo hubiera perdido a un familiar por el virus este, me ahogaría en rabia, en ira, deseoso de justicia ultraterrena, pidiendo a los hados un rayo que cayera donde debe y que por efecto del fuego desinfectara lo que tanto vómito provoca.
También dejo de colgarlas por evitar diatribas baldías y estériles sobre los sacrosantos derechos de autor del fotógrafo, un tipo que, sépase, se llama Carlos García Pozo, único responsable de su obra. La ruindad, el servilismo sí son también un Pozo. Uno sin fondo, sin iluminación, sin enfoque, sin profundidad de campo… Cuánto gozo en su hogar por haber hecho tan famosos y comentados esperpentos. Enhorabuena a los premiados.
Sí que pongo, sin embargo, y porque sí, otros burdos intentos de tergiversar la historia, bien conocidos por el imaginario general. Sacados de Internet, por ejemplo en: https://magnet.xataka.com/un-mundo-fascinante/16-fotos-manipuladas-que-pasaron-a-la-historia, dicho esto por si alguien quiere disfrutar con más dislates (como estos convenientes retoques de un purgado de Stalin, de un Trotsky que desaparece junto a Lenin, o un palafrenero invisible, para no restar heroísmo al caudillo montado Mussolini).
Y, ya lanzado al ruedo, pues también voy a poner otras fotos, de otro periódico, con otro rostro, compungido, arrebatado de dolor. Y cada cual que escoja.
Ahora me recluyo a intentar quitarme tanto asco. Cantándome, con su parte alícuota de imposible desesperación, lo que dice el tango:
Luego, la verdad,
que es restregarse con arena el paladar
y ahogarse sin poder gritar…


jueves, 7 de mayo de 2020

Amigos tipo Facebook


Creo que uno de los principales problemas de Facebook (además íntimamente relacionado con el otro, el más grave, el de la impunidad) es que la red no hace distinciones entre “amigos”. Alguien va y me pide amistad. Ignoro el porqué. Supongo que por ser yo amigo de amigos de amigos de amigos del otro. Se le da al que “sí”. Pero en realidad no somos amigos. O al menos no todavía.
Y precisamente esto es fuente de conflicto luego, en las típicas conversaciones y comentarios que provoca publicar algo. Cuando la gente se entusiasma comentando ad libitum entre los contertulios que se forman.
En estos comentarios normal y desgraciadamente hay referencias personales más allá del contenido de lo colgado. Y ahí es donde hay que diferenciar la naturaleza más o menos “pública” de las conversaciones.
Ocurría el otro día en el muro de una amiga mía, amiga de verdad. Alguien hizo unos comentarios demasiados personales sobre uno de los que charlaban bilateralmente con ella, con mi amiga. Mi amiga escribió que no le parecía bien la referencia personal que se había hecho, porque esa conversación era del tipo “Simplemente, estamos entre amigos.” La persona aludida respondió: “me parece muy bien que estén entre amigos pero como es un muro abierto creo que podía opinar”.
Lo que ocurre es que el hecho de que sea un muro público no quiere decir que cualquiera pueda hacer menciones “directas” a uno de los contertulios. Y dado que el comentario que desencadenó los dimes y diretes había sido una opinión ad hominem, el resultado fue que ya no nos ajustábamos exactamente a la primera premisa de que aquello fuera una conversación “pública”. Si los comentarios que se hacen son de carácter absolutamente objetivo, pueden aceptarse en un hilo de conversaciones entre amigos y meros “coincidentes FB”, pero la interferencia de un tercero con una formulación puramente subjetiva hacia uno de los contertulios, ya no son lícitos.
Por poner una analogía del mundo físico y analógico, es como si estamos en un bar, espacio público, Fulanito y yo. Estamos hablando de Darwin, y gente, conocida o no, alrededor escucha nuestra conversación. Hasta cierto punto sería legítimo que alguien, al oír en el espacio público tal conversación se atreviera a intervenir y decir “Perdonad, ese tal Darwin ¿quién es?”, o “Pues a mí Darwin no me convence”. Comentario general y objetivo, pase. Pero lo que no sería de recibo es que ese sobrevenido tertuliano dijera, sin conocernos íntimamente a Fulanito o a mí: “Qué triste que opines “tú” así de Darwin” o “Pero qué dices, “tú”, “tú” no eres quién para hablar de la teoría de la evolución…”. Por no citar exabruptos mayores que son los que superpueblan las redes. Eso es una intolerable intromisión en una conversación entre dos amigos, por mucho que esa conversación se oiga en voz alta en un lugar público, sea Internet o Bar Tolo.
En definitiva, el mero hecho de un comentario público en FB, si no desautoriza, sí desaconseja hacer menciones personales directas. Porque allí amigos, lo que se dice amigos, no lo somos todos. La inmensa mayoría apenas somos colegas de letras, compañeros de trabajo, vecinos, coincidentes de Internet, afines de ideas, qué sé yo. Y a esa inmensa mayoría de “amigos tipo FB”, no los hemos visto ni hablado ni intercambiado mensajes personales jamás. Suficiente motivo como para no tomarnos tantas confianzas. Cosa diferente es entre Fulanito y yo. Que sí somos amigos personales. Además de “amigos tipo FB”. Pero como digo, el problema es la falta de terminología apropiada en FB. O yo, que soy un viejuno.
En fin, por mi pobre experiencia en las redes, creo de antemano que en estos temas al final solo se produce un estéril intercambio de pareceres impermeables uno del otro y el otro del uno. Pero no lo olvidemos: el mundo analógico y el digital no son tan diametralmente diferentes. Las mismas normas de urbanidad y respeto operan y deben operar en uno u otro mundo, el físico y el virtual. Cuánta gente, sin embargo, no lo entiende así. Seré yo el equivocado.
En definitiva, cuando estas penosas situaciones me ocurren, cuando algún “amigo tipo FB”, muy desconocido para mí, me dedica una imprecación directa y subjetiva a mí mismo yo mí me mí conmigo. Me encojo de hombros. ¿Puede hacer su chusco o su genial comentario? Sí, claro, como en un bar. No podré impedirlo, lo sé.
Pero para mí esa clase de comportamientos son algo inapropiado en el mundo de relaciones personales (físicas o digitales) tal y como yo las entiendo. Así que, volviendo al símil del bar, hago en FB como haría allí, en la barra. Allí miraría al maleducado como entre los vapores del sueño, muy muy lejano, como si me hubiera hablado un idioma que no entendiera, como si apenas percibiera distorsionados ecos. Y no le respondería sino con un gesto, no con una conversación. Por ese motivo, mi respuesta en FB a menudo es un icono de desdeñosa risa porque de apnea no hay.
Fotografía tomada de Google sin copyright identificable

sábado, 2 de mayo de 2020

Teorías de la Relatividad


Cuánto plañidero estos días por el confinamiento.
A todos esos que tanto y tanto se quejan porque no se les permite salir a tomar una cerveza, les comparto un resumen de la vida de György Ligeti.
Lo cierto es que no me invento el nombre, pero podría servir el suyo para nombrar a millones. Algunos que incluso aún viven entre nosotros tras haber tenido experiencias similares a las de este. Nacido en 1923, y fallecido ya en este siglo XXI.
Tal vez no muchos sepan que fue el compositor de ciertas obras de música clásica contemporánea. Pese a su tormentosa existencia, en vez de ponerse a lloriquear por no poder dar un paseo, fue capaz de escribir música llena de luminosidad e ingenio (como dice Alex Ross en su magnífica obra “El ruido eterno”).
Cuatro de sus partituras (Réquiem, Luz aeterna, Atmosphères y Aventures) se las afanó (sin pedirle permiso ni pagarle derechos) Stanley Kubrick, para su “2001: Una odisea del espacio”. O sea, no sabremos quién es pero una gran mayoría de nosotros lo ha "escuchado".
Pues resumiendo, con Alex Ross, la azarosa existencia de este buen mortal: Nació, ya digo, “en 1923 en Transilvania, en el seno de una familia de judíos húngaros exiliados. Pues tres años antes de que Ligeti naciera, Transilvania pasó a ser parte de Rumanía. En 1940, el gobierno fascista de Hungría recuperó aquel territorio. Ligeti, llevando la cinta amarilla que lo identificaba como la hez de la sociedad, fue enviado a una cuadrilla de trabajos forzados (cargando explosivos para el frente oriental). Cuando los nazis se hicieron con el control del país comenzaron las deportaciones a los campos de la muerte. Tras sopesar las probabilidades de morir en combate, de un tiro de las SS o en un capo de concentración, Ligeti desertó de la primera línea del frente. Cayó inmediatamente en manos de las tropas soviéticas, pero una vez más consiguió escapar. Tras un largo viaje a pie hasta su casa descubrió que su pueblo ahora estaba en poder de la URSS y había unos extraños viviendo en la casa de sus padres. Solo después de terminada la guerra sabría que su padre había muerto en Bergen-Belsen, su hermano en Mauthausen y su tía y su tío en Auschwitz".
La pesadilla no concluyó en 1945. Los soviéticos mantuvieron el control de Hungría y “los mismos matones que habían cometido atrocidades en nombre del fascista partido de la Cruz Flechada, trabajaron para los comunistas de Mátyas Rákosi". Hasta que, en 1956, el intento reformista de un nuevo gobierno acabó abrupta y violentamente mediante la conocida invasión de los tanques soviéticos. Y Ligeti volvió a huir. Esta vez a Europa occidental, escondiéndose debajo de las sacas del correo del tren postal y cruzando la frontera austriaca, iluminado por bengalas militares…
En fin, una historia como la de tantos otros millones hace apenas ochenta años. Así que, propondría: antes de ponernos a gimotear por el confinamiento y el virus, seamos capaces de reconocer que somos unos privilegiados. Y que si queremos merecer lo que hemos heredado sin haber hecho nada de valor para ello, por lo menos nos comportemos con un mínimo de gallardía.

domingo, 26 de abril de 2020

Depravación del creador


“Para cualquiera que acaricie la idea de que existe alguna bondad espiritual inherente en los artistas de gran talento, la época de Stalin y Hitler supone toda una desilusión. No solo fracasaron los compositores a la hora de alzarse en masa contra el totalitarismo, sino que muchos le dieron activamente la bienvenida. En la batalla campal capitalista de los años veinte se habían enfrentado a la cultura de masas con la ayuda de las tecnologías, que introdujo una nueva aristocracia de estrellas de cine, músicos pop y celebridades sin cartera. Tras depender durante tanto tiempo de la Iglesia, las clases más acomodadas y la alta burguesía, los compositores se vieron metidos de repente en la Edad del Jazz y sin apoyos claros. Algunos empezaron a soñar con un caballero político de armadura resplandeciente que llegaría para socorrerlos…
“Los dictadores representaron ese papel a la perfección… expertos en jugar con las debilidades de la mente creadora, ofrecían la seducción del poder con una mano y el miedo a la destrucción con la otra. Uno tras otro, los artistas se ponían en fila…
“… marcó el comienzo de la fase más depravaba y trágica de la música del siglo XX: la absoluta politización del arte por medios totalitarios…”.
(“El ruido eterno”, Alex Ross, Seix Barral 2009).

Bueno, desgraciadamente, pareja depravación encuentro yo en el arte contemporáneo de finales de un milenio e inicio del otro. Solo que el papel de los “dictadores” lo ha usurpado ese tirano universal que hoy llamamos Mercado.
Observar a tantos creadores plegarse a las exigencias comerciales, autocensurarse, someterse a la complacencia; arrodillarse para la prebenda, la subvención, el amañado premio; acallar su propia (hipotética) voz en aras, simplemente, de tener eco, salario, fama… produce una penosa vergüenza.
Y una infinita pena. Porque cada época de la Historia es recordada en el futuro a través del canon (musical, literario, artístico, audiovisual…) instituido. Pero el de hoy lo conforma interesadamente esa (mala) suerte de “establishment”, los ignaros conglomerados mediáticos, que monopolizan la creación en cadena bajo perspectivas de puro neoliberalismo cultural fordista.
Así que, en un no muy lejano futuro, estos, nuestros años, aparecerán en los libros de texto como un páramo de la creación y la autenticidad… No una Edad de Oro, sino una Edad del Clon. Todo igual, todo lo mismo. Todo prescindible.

© imagen: www.canstockphoto.es

domingo, 15 de diciembre de 2019

Adolescentes y otras vainas



El tema de Greta Thunberg ha traído tantos comentarios en las redes que, teniendo en cuenta mis sentimientos encontrados en el asunto, estaba por dejar pasar la ocasión. Pero finalmente allá va la cosa.
Aviso: sé que no se estila en nuestros cibernéticos tiempos los largos parlamentos, pero como digo más abajo, precisamente lo enormemente complejo de la realidad de la cuestión impone extensión y profundidad.
Por eso, una parte de mí piensa que la repercusión (para amigos y enemigos) de las palabras y los actos de Greta se debe a la naturaleza propia de los tiempos que vivimos: banalidad, pensamiento débil, demagogia y mediocridad intelectual. Quiero decir que la cuestión de la degradación ambiental es algo de tal complejidad científica, política y de pensamiento que me daba un poco de grima la simplificación buenista de Greta y su “hay que hacer algo”, sin siquiera evaluar un poco, al menos un poco, las dificultades de todo orden que se acumulan al respecto. Porque del mismo modo es buenismo simplista, pero en sentido contrario, el de Rajoy su primo negando el cambio climático porque ha leído un par de cómics.
La cosa tiene demasiadas aristas para contentarse con eslóganes. Por señalar de corrido solo algunas: el derecho de “los” otros a conquistar el bienestar primermundista con un esfuerzo razonable pero con su consiguiente parte alícuota de carbonización, (no hablamos de unos pocos sino de miles de millones de personas que en China, India o Brasil, verbi gratia, aspiran a incorporarse a las clases medias mundiales, comer carne, leer a la luz de una bombilla o moverse por el ancho mundo); la necesidad de repensar el modelo actual de capitalismo en toda su amplitud ya que, incluso las actuales propuestas ambientales de “reducción” de emisiones, tal vez no tan bien intencionadas, se basan en un, para mí, torticero sistema de mercado de emisiones de CO2 que perpetúa el erróneo “quien paga, contamina”, cuando el axioma debe ser “quien contamina, paga”; y, la espinosa cuestión de la transferencia de tecnología, sin la cual el desarrollo de los países más desfavorecidos y la transición de sus economías, o bien les supone unos gravámenes indebidos, o bien les obliga a mantener industrias intolerablemente contaminantes.
O sea, el tema tiene tantos matices, tantos factores, que pretender dejar el debate intelectual a las capacidades de una niña de 16 años es una broma. Tan broma como dejarlo en manos del primo de Rajoy tantas y tantas otras gentes de 30, 40, 50 o yo qué sé qué años, que, a la vista de sus comentarios en las redes, demuestran tener menos conocimiento de multitud de cuestiones ambientales que Greta. Y que una ameba.
Lo que ocurre es que yo creo que, precisamente por tanta ignorancia adulta, es por lo que el revulsivo de una adolescente reclamando atención sobre el medioambiente y el planeta ha resultado algo muy beneficioso. El hecho es que gracias a Greta parece que el mundo, o sea, las gentes que habitamos este planeta, por fin nos hemos puesto a hablar de uno de los temas de mayor envergadura para nuestra especie.
Porque muchos de nosotros llevamos o llevábamos infinidad de años trabajando en el tema. Sí, pero con ridícula repercusión. Así que demos la bienvenida al hecho de que gracias a Greta y su movimiento de adolescentes parece que las masas de sobrevenidos solidarios hayan despertado a la realidad. Ya digo, por ejemplo, entre 2004 y 2008, tuve la fortuna de participar en un equipo de mujeres y hombres involucrados en una política ambiental que quería cambiar el mundo. Como director general de calidad y evaluación ambiental de España y vicepresidente del buró de la Agencia Europea de Medioambiente, en apenas cuatro años y en el área de las emisiones, los residuos, la evaluación del impacto ambiental, etcétera, aprobamos en nuestro país: decretos inexistentes antes para la correcta gestión de los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos, neumáticos fuera de uso, aceites usados, residuos de construcción y demolición, pilas y baterías. También elaboramos un decreto sobre la gestión ambiental de los suelos contaminados y una importante modificación de la Ley de Envases y Residuos de Envases y el Plan Nacional Integrado de Residuos, que, entre otras cosas, limitaba la incineración. Aprobamos también la obligación de someter a evaluación ambiental estratégica no solo los proyectos de obras sino los planes y programas, un real decreto de energía eólica Marina, la Estrategia Española de Calidad del Aire y una nueva Ley de Calidad del Aire y Protección de la Atmósfera (gracias a la cual ayuntamientos como Madrid, aunque tardaron demasiado en decidirse a ello, pudieron aprobar cuestiones como los protocolos de acceso motorizado privado a la ciudad y el Madrid Central), decretos para la mejora de la calidad del medio ambiente en España en lo relativo a compuestos orgánicos volátiles, prevención y control integrados de la contaminación, techos nacionales de CO2, contaminantes orgánicos persistentes… También se aprobó la Estrategia Española de Medio Ambiente Urbano, normas de edificación sostenible o decretos contra el ruido, control de sustancias químicas, prohibición de transgénicos en la UE, elaboración anual del Perfil Ambiental de España, un informe basado en indicadores que permite de un modo sencillo y amigable tener un rápido conocimiento de la situación y evolución de la calidad ambiental de España. Y en materia de Investigación, Desarrollo e Innovación duplicamos las convocatorias anuales abiertas de I+D+i, incrementando anualmente un 24% el presupuesto alcanzando un total de unos 60 millones de euros.
En fin, como se ve, un importantísimo elenco de medidas concretas que, gracias al impulso político de aquellos cuatro años maravillosos, se pudieron llevar a cabo. Aunque parece que ni entonces ni aun ahora se sepa. Un conjunto de complejas y múltiples actuaciones que dan valor al “hay que hacer algo” de Greta. “Algo” no puede ser un desiderátum indefinido. Hay que pasar de las musas al teatro. Aunque bastante de aquello que hicimos lo cierto y triste es que lo desmontó concienzudamente el gobierno del PP del 2012 en adelante.
Pero no solo reivindico aquí lo que algunos pudimos hacer entonces. Habría que citar aquí a tantísimos científicos, activistas, periodistas… en todo el orbe conocido, que llevan tantos años luchando por un medioambiente acorde a la altura del hombre y que no han visto recompensados sus esfuerzos con el reconocimiento ciudadano y la implicación de tantos. Algo que sí ha conseguido Greta. Pero, repito, Bienvenida sea la evangelización, aunque sea con el mensaje de la simplicidad.
Sí, porque resulta que en los tiempos que vivimos, acciones no tan sofisticadas desde el punto de vista científico, político, intelectual, consiguen infinitamente más repercusión que la actuación de expertos. Pero no por ello debemos arrepentirnos del eco conseguido, sino aprovechar lo que aportan para  engrandecer el mensaje.
Véase otro ámbito como ejemplo: el de la reivindicación de los derechos de las personas con discapacidad. Entre mayo de 2010 y diciembre de 2011, también con un excelente grupo de comprometidos, como director general en política social, pudimos sacar adelante, en tan exiguo margen de tiempo: la Estrategia Española de Cultura para Todos, la Estrategia Española de Apoyo a la discapacidad 2012-2020, la normativa internacional de la ONU y la Ley integral de derechos de las personas con discapacidad y un buen puñado más de proyectos que favorecieron enormemente, perdón por la inmodestia, la vida de esos cuatro millones de personas con discapacidad que viven en España. ¿Tuvo repercusión aquello? ¿Sirvieron aquellas iniciativas para movilizar a la ciudadanía? Muy escasamente, y en todo caso supuso una minucia comparado con las positivas consecuencias ciudadanas de la película “Campeones” que en las menos de dos horas que dura consigue hacer más por las personas con discapacidad que todas las subvenciones, leyes, decretos y estrategias que aprobamos.
Pero, repito, no solo no hay que renunciar o sentirse deprimido por los logros de fenómenos como “Campeones” sino que hay que congratularse por que haya personas como Javier Fesser en el mundo, capaces de poner en marcha cambios en el mundo con su solo talento.
En fin, regreso a Greta, para terminar. Porque además de sus capacidades generales, se ha criticado su edad y cuestiones relativas a su escolarización. Entonces me ha dado por recordar a otro adolescente, también desescolarizado él. Uno que con quince años se escapó de su hogar y, simplificando las vicisitudes sufridas (o disfrutadas), a los dieciséis inició una tempestuosa relación sexual con cierto escritor diez años mayor que él, casado y maltratador, que incluso llegó a pegarle un tiro al propio joven amante, lo que no desalentó a nuestro citado adolescente para seguir una vida “disoluta” de vagabundo, asiduo aficionado al ajenjo y el hachís, y que, con 19 años, dejó escrito: “… que las ciudades se iluminen en la noche. Mi jornada está hecha; dejo Europa. El aire marino quemará mis pulmones; los climas perdidos me curtirán. Nadar, triturar la hierba, cazar, fumar sobre todo; beber licores fuertes como el metal hirviente… Volveré con miembros de hierro, la piel sombría, el ojo furioso: por mi máscara, se me juzgará de una raza fuerte. Tendré oro; será vago y brutal…”.
En fin, mira que puede gustarle a uno Rimbaud, que es el adolescente del que hablo, pero teniendo en cuenta que acabó dedicándose al tráfico de armas y de esclavos, creo que me quedo con Greta, su desvalimiento y su cartel.

jueves, 21 de noviembre de 2019

Épater les bourgeois


No me libro de sobresaltos apocalípticos.
Tuve ayer una reunión de política cultural en Bruselas con cierto parlamentario europeo teutón veinteañero.
La cosa ya empezó mal, paranoia de seguridad mediante, por la que no puedes ni pasar al vestíbulo y te hacen esperar a la entrada del Parlamento Europeo, por fuera, en la mismísima **** rue: veinte minutos (a 1 grado de temperatura, o sea que tocábamos a muy poco calor los muchos esperadores que éramos) hasta que baja el asistente del parlamentario europeo en cuestión, vocea tu nombre como en la lonja de Castellón y te recoge. Luego otros diez minutos para pasar los rayos en los que lo único que no me tuve que quitar de encima creo que fueron mis hernias discales. Para acabar otros siete minutos inviertes en conseguir una pegatina a cambio del escaneo del DNI.
En fin, nimiedades. Y al fin conseguimos desembarcar en el despacho del egregio parlamentario que nos recibe repantingado en su sillón mirándonos desde allí como si fuéramos dinosaurios sacados del museo de ciencias naturales sin siquiera quitarnos el polvo, mientras con presuntuosa ostentación hace malabares para que veamos que el tazón del que sorbe lleva escrito “I miss drugs”, echo de menos las drogas. Casi me da por decirle que yo echaba de menos a Enrique Urquijo, y, en fin, a tantos otros que se nos fueron montados a lomos de un caballo repugnante. Pero me callé porque me dolía la garganta del frío de la espera.
Pensé también que esa taza en el estante de su cocina habría estado “de muerte”, con perdón. Y que puestos a intentar ser legislador del común futuro europeo, sería más coherente, y complejo, una taza con el texto “legalizar las drogas” o algo así.
En fin, una vez que pude desprenderme de estos mis muy prejuiciosos prejuicios, el buen europarlamentario nos informó de que tenía que irse en cinco minutos a más altas dedicaciones pero que no quería dejar de transmitirnos sus portentosas ideas.

Y nos las soltó todas como el que inventa la rueda. De un tirón. Hasta que uno de nosotros tuvo a bien informarle que esas sus increíbles indispensables justas y benéficas ideas que proponía llevar a cabo para mayor gloria de la cinematografía europea, todas, estaban ya en vigor hacía un año mediante cierta Directiva Europea. Y que si tenía alguna otra brillante ocurrencia…
Entonces, mientras nos dejaba atrás corriendo a su más importante reunión que la nuestra, nos espetó que lo que había que hacer era fomentar “a tope” los videojuegos, porque los hacen los europeos más jóvenes.
Recogí mi bastón, mi sonotone, mis gafas de lejos y de cerca, mi marcapasos, y el peluquín y me fui hacia el aeropuerto dispuesto a ver desde las alturas el porvenir. O no.