You can fool all the people some of the time, and some of the people all the time,
but you cannot fool all the people all the time.
(Abraham Lincoln)

sábado, 27 de junio de 2020

Los otros


Noticias del Mundo antes de la Era de la Covid. Cuando las cifras de la muerte, las cifras de las enfermedades no nos importaban a los muy nordacas, porque eran las muertes de otros, las enfermedades de otros.

Qué gran invento la palabra “otros”. A los segregacionistas, a los fascistas, les sirve para estabular la realidad tan solo en dos simplicísimos bandos y así poder estar, necios ellos, a la única altura de entender las cosas, porque más allá del blanco y negro, el cero y el uno, no comprenden nada.
Qué gran invento la palabra “otros”. A los privilegiados, a los satisfechos nos sirve para mirarnos el ombligo de nuestras inalienables pupitas de blandengues y creernos con derecho, tan a todo, que incluye hasta el de hacer de plañideras por nada, con las orejeras puestas como a asnos para solo vislumbrar nuestra propia sombra al paso.
Qué gran invento la palabra “otros”. A los creyentes y a los fanáticos les sirve para tener a quien, a la vez, echar la culpa y pedir la redención, único modo de cruzar las aguas de los mares sin mojarse. Jamás en la patera.
Lo dicho: Noticias del Mundo antes de la Era del Covid. 6 de febrero de 2020. Sin Estado, sin Alarma. Sin sonrojo. Cuando las cifras de la muerte… Bla, bla, bla...

https://www.msf.es/actualidad/republica-democratica-del-congo/6000-muertos-sarampion-republica-democratica-del-congo



martes, 23 de junio de 2020

Melatontina


Reconozco, humilde y humillado, que mi capacidad para entender ciertos mecanismos de la ordenación de nuestras sociedades capitalistas, la tengo cada vez más perjudicada.
Un ejemplito rápido. La melatonina. Melatontina en mi caso. Hace quince años resulta que era un medicamento prohibido en Europa. Malo de la muerte sería, digo yo. Sin embargo en Argentina o Estados Unidos se vendía sin receta médica sin más problema, como pipas. Las gentes lo utilizaban para agarrar el sueño diario o para combatir el jet lag los viajeros trasatlánticos. Alguno también como elixir de la eterna juventud por su antioxidante virtud. Tipos hay para todo, ¿quién quiere vivir para siempre con los vecinos que le han tocado urbi et orbi?
Quien más quien menos, en aquellos tiempos de la europea ley seca de la melatonina le encargaba a algún amigo, viajero, azafato, piloto, contrabandista o mero navegante, que trajera un buen puñado de pastillas de las tsetsé “etsas”. Todos así assai felices.
Años después, la sacrosanta (o sarcosanta, porque a veces da por el orto que no veas) Unión Europea, de repente decidió que por fin se podía vender en nuestros lares. Ya no debía ser tan mala de la muerte, digo. Y tanto, porque, de estar prohibida, pasó, no a que te la pudiera recetar un médico prescripción sanitaria bien sellada y compulsada mediante, sino a que se puede adquirir con desparpajo en las farmacias (o en los supermercados, pásmese usté) en las estanterías de la entrada, junto a las juanolas, los caramelos de menta y las tiritas.
Bueno, pues ahora resulta que algunos investigadores afirman que la melatonina es mano de santo contra el malhadado virus este, Covid19… Qué suerte, con un medicamento que no es medicamento y que se rige por el precio de tonto el último, como las mascarillas, o sea las más-carillas.
En fin, lo dicho, que no me aclaro. Y que me causa una cierta intranquilidad la diáspora de opiniones y normas sobre los medicamentos. Pero será cosa de que yo ya no tengo una edad sino una era. Y que veo tan cerca el final de todo que aspiro a irme de este valle de lágrimas y colutorios con alguna mínima certeza, algún nimio conocimiento. El sumun sería si pudiera de paso entender el porqué de las Diputaciones Provinciales. Pero a tanto ya no aspiro en el horizonte vital que me corresponde…

(© fotografía de muyinteresante.es)

sábado, 6 de junio de 2020

La vergüenza colectiva


Hay una suerte (mala pero justa) de vergüenza colectiva que viene provocada por la responsabilidad de las sociedades como organismos vivos comunitarios.
Durante mucho tiempo se combatió esta interpretación. No niego su implacabilidad brutal, pero es la que corresponde. La maldad impera no solo por la actividad precisa de unos, sino por el desentendimiento de las inmensas mayorías.
Por eso, por ejemplo, Alemania como comunidad todavía debe purgar su responsabilidad por el nazismo. No quiere decir ello que una culpa como esa se extienda a lo largo de toda la historia futura de la Humanidad. Pero no es algo que se pueda llevar a los territorios del perdón y del olvido al menos mientras las generaciones que vivieron aquellos terribles años sigan siendo testigos del presente.
Así que también hoy hay que señalar otra responsabilidad y vergüenza colectivas proyectadas hacia un largo futuro. Las que recaen sin ningún género de duda sobre los Estados Unidos de Norteamérica.
Lo comento hoy, porque justo un día como éste se conmemora el 52 aniversario del asesinato de Robert Kennedy, ejecutado (sic), nada más proclamarse, literalmente, su victoria en las primarias demócratas como candidato a Presidente de EEUU.
No puede por tanto dejar de recordarse aquel año 1968, crucial en el siglo XX. Normalmente en Europa lo recordamos con un punto de optimismo por el Mayo del 68 parisiense. Pero la verdadera relevancia de tal año se produjo al otro lado del Atlántico y delimita el principio del fin de la democracia y el Estado del Bienestar como lo soñábamos.
Puestos a destacar la mancha colectiva estadounidense más vergonzosa, más incomprensible e inexplicable, esa es sin duda el segregacionismo. Que en plena posmodernidad se separara a hombres por el color de su piel en los autobuses, en los  colegios, en los cines; que se los insultara y amedrentara por las calles simplemente por beber de una fuente, es algo que produce un malestar físico insoportable, y un rechazo intelectual y moral que me hace pensar que los segregacionistas eran y son seres no dotados de características humanas sino animales.
Aquel 1968 fue el año en el que Martin Luther King Jr. fue asesinado. Siguiendo la espantosa estela de Malcolm X, tiroteado tres años antes; o Medgar Evers en el 63, poco meses antes del fusilamiento de JFK. (JFK, aquel baldío presidente que, pese a su injusta muerte, frustró antes todas nuestras expectativas, igual que años después haría, tristemente, Obama).
Aquel 1968 fue el año de una brutalidad policial sobrecogedora. Lo supimos por fin ya que por primera vez se pudo conocer al ser televisada en Chicago, Detrioit, Watts, y tantos otros lugares. Barbarie que medio siglo después no ceja. No, porque creo que el devenir de la humanidad hacia más elevadas cotas de progreso quedó paralizado en aquel crucial 1968 y no acaba de arrancar de nuevo.
1968, el año de la “Campaña por los pobres”, en tiempos en los que millones de estadounidenses dependían de comedores sociales para no sucumbir al hambre; cuando la amargamente famosa y fallida “Ciudad Resurrección”, un campamento de tiendas, se instaló en Washington y cuyas imágenes hoy recuerdan a los campos de refugiados de Sudán, más que a la capital del imperio universal.
El año en el que se arrojaban más bombas en Vietnam que en toda la II Guerra Mundial; el año en el que trabajadores afroamericanos se manifestaban llevando pancartas en las que se leía la obviedad no tan obvia para los fanáticos de aquella impostada Tierra de la Libertad, pancartas que decían: “I am a man” (soy un hombre); el año en que escuchamos elevarse en lucha las voces contra “el trabajo a tiempo completo con salarios a tiempo parcial”… Qué poco ha cambiado, digo, desde que en aquel 1968 todo se detuviera y empezara a retroceder con una especie de inercia reaccionaria que aún nos arrebata.
El año en que Nguyn Ngc Loan, el tristemente famoso general survietnamita, asesinó de un disparo en la cabeza en medio de una calle de Saigón a un prisionero esposado, brutal ejecución recogida con espanto por un cámara de la NBC.
El año en que Nixon, en su contienda por ganar las elecciones presidenciales (que finalmente conquistó por un puñado de votos sobre Hubert Humphrey), “autorizó” a Anna Chennault para entablar conversaciones secretas con Vietnam del Sur prometiéndoles recibir mayor ayuda y mejor trato bajo Nixon que lo sucedido con Lyndon B. Johnson, el entonces presidente de EEUU, que acababa de suspender los bombardeos sobre el Vietcong. Se ejecutó así un emético sabotaje de las conversaciones de paz de Vietnam en París. Ese penoso y facineroso tipo que fue Richard Nixon prefirió alargar la guerra, la muerte y la destrucción, incluso de sus propios compatriotas, para aprovecharse de ello en su campaña. En efecto, la suspensión de las negociaciones se interpretan justo como el último golpe de desgracia por el que Nixon ganó la presidencia. Las conversaciones de “paz” se reanudaron, curiosamente, justo cuatro días después de su toma de posesión como presidente…
1968… La ignominia perseguirá a la nación que pretendió ser líder del mundo en el último tercio del siglo XX. La inmundicia moral de hechos como estos lo atestigua.
La responsabilidad moral colectiva de los norteamericanos podrá algún día ser redimida. Pero pedir perdón es la primera condición. Después, el paso del tiempo y, como decía, la desaparición de los testigos presenciales permitirá pasar página.
Ello ocurrirá, como siempre en el pasado de la Historia. Pero sepan allá: me temo que para EEUU llegará cuando ya habrán dejado de ser la primera potencia mundial, desvencijado su efímero imperio.
En pocos años habremos desaparecido los testigos de sus muchas infamias. También su poder universal estará ya más que extinto. Entonces podrá ser olvidado doblemente por sus vergonzosos ejemplos: alcanzada ya la redención porque ese cercano día EEUU contará para muy poco en el devenir imparable de la Historia, desbancado por otro imperio mundial que, con bastante seguridad, usará palillos, no cubiertos.

(Fotografías: www.dcfpi.org / www.muyhistoria.es)

domingo, 31 de mayo de 2020

Digo digno


Parece ya una constante histórica que los movimientos reaccionarios se dediquen a entorpecer con pasión fundamentalista los posibles progresos de los derechos humanos y que luego, pasados los años, entonen el “pío pío que yo no he sido”, en especial cuando acaban por verse en la necesidad de servirse, de aprovecharse de aquellos logros y avances sociales que, en sus inicios, torpedearon. Entonces, con una pirueta de envidiable descaro, desparpajo y donosura se aplican a sí mismos el divorcio, el aborto, el matrimonio homosexual. Que hasta llegas a creerte que lo inventaron ellos.
Ahora, en los años que vienen, nos tocará asistir estupefactos a sus manidas maniobras, en esta ocasión sobre la muerte digna. Ya empezaron hace tres meses, cuando el Congreso aprobó que se tramite una Ley Orgánica de Regulación de la Eutanasia. Eso fue solo el principio. Aunque ya se apuntaron maneras con eméticas referencias de algunos al nazismo y la Solución Final, sofisma sonrojador que olvida que una decisión personal tomada sobre uno mismo nada tiene que ver con el asesinato de un humano sobre otro.
Pero vendrán más embates, cuando los fanáticos quieran imponer sus prejuicios morales en la elección individual más trascendental que imaginar se pueda. Del mismo modo que quisieron meterse en los dormitorios a decidir por nosotros qué es y qué no es amor; en el salón familiar a imponernos como verdad sagrada que la convivencia (conmorencia, más bien) debe durar toda una vida, aunque sea con alguien que puede haberse convertido en nuestra mayor turbación; igual ahora querrán introducirse de rondón en nuestros lechos de muerte dispuestos a imponernos la idea de Novalis de que el dolor constituye un motivo de perfección. Aplíqueselo usted, por nosotros no se corte. Pero a mí déjeme morirme cuando quiera. Porque yo lo veo como dijo Cicerón: “Privado como estoy de los consuelos familiares y de los honores del foro, seguramente si hubiera muerto antes, la muerte me habría sustraído de los males, no de los bienes”.
Hace casi trescientos años, en la Ilustración, algunos de los pensadores más preclaros de la humanidad iniciaron un proceso secularizador que ha sido uno de los movimientos más liberadores del hombre. Cuando se reivindicó que la justicia no es un sirviente de la religión y que es inútil convertir al Estado en una prisión conventual. Momento es ya de dejar al hombre elegir la trascendental hora de su muerte.
Un penúltimo aviso para estos navegantes patrioteros hoy en tan renovada y reforzada, como impostada y falsa, boga. Hago uso de la dialéctica imperante en la servidumbre ideológica del capitalismo omnipresente. Como recuerda Ramón Andrés en su “Semper Dolens” (Acantilado, 2015): “El que ha decidido marchar [suicidarse] deja sus pertenencias a la sociedad, de modo que es más reprochable la actitud del que se aparta de las fronteras, huye de un país y se lleva contigo toda su hacienda”.
Concluyo con un soneto extraído de “Historia de los heterodoxos españoles”, de Marcelino Menéndez Pelayo, autor que es incapaz de privarse de añadir el siguiente comentario (habrá que ver los que nos inundarán cuando se tramite la Ley de la Eutanasia en esta Legislatura). Dice don Marcelino: “… propugnó sin reparos el materialismo… basó la doctrina de la sumisión pasiva en un utilitarismo rastrero y de baja ley que hubiera avergonzado al mismo Bentham… Oscuros poetastros difundían las ideas más antisociales y extravagantes. En el Diario de Sevilla de 10 de noviembre de 1792 se publicó este soneto en loor al suicidio, firmado con las iniciales E.A.D.B.”:

Si la vida es un bien, será la muerte
otro bien concedido a los mortales,
con que sales de penas y de males,
que acabarse no pueden de otra suerte.
Búscala el sabio, la procura el fuerte,
y los pechos más nobles y leales
hallaron su consuelo en los puñales
cuando mejor remedio no se advierte.
Catón se mata, Séneca y Petronio,
por salir de una vida ignominiosa
que ya les debe ser aborrecida.
De sabios nos dejaron testimonio;
porque morir así no fue otra cosa
que acabar con los males de la vida”.

(Imagen: Suicidios, de Leonardo Alenza)

sábado, 23 de mayo de 2020

Ingreso Mínimo Vital


Que el próximo martes se aprueba el Ingreso Mínimo Vital (IMV)… Habrá que decir aquello de que “Nunca es tarde si la dicha es buena”. En fin, la primera vez que unos cuantos propusimos meterlo en un programa electoral fue hace 16 años. Nos dijeron entonces (y luego cada ocasión en que volvíamos a sacar a relucir tamaña insensateces) que si estábamos locos, que eso era imposible… que si queríamos que se perdieran siempre las elecciones. Una vez contesté que se podía hacer la prueba, ya que ese partido mayoritario llevaba perdiendo elecciones con cierta asiduidad bajo la égida de la dictadura del “Pensamiento Único”. Un silencio sepulcral me contestó.
Y todavía, hace nueve años compartí reunión internacional con Guy Standing (http://www.guystanding.com/), profesor of Economic Security, University of Bath, adalid del “precariado” y copresidente del Basic Income Earth Network (BIEN), lo que hoy sería en España el IMV. Las carcajadas causadas aún me despiertan alguna noche. También me despierta la rabia de haber pasado la crisis financiera del 2008 rescatando bancos y dejando en la estacada a tantos ciudadanos.
En fin, que resulta que echando las cuentas ahora, 3.000 millones de euros al año (el 0,6% del presupuesto total de gastos del Estado), se demuestra que merece la pena el esfuerzo. Lo merece cuando al otro lado de la ecuación están la pobreza, la miseria precisa de ciudadanos concretos (850.000 hogares, dos millones de niños en situación de pobreza)…
Un kilómetro de vía de AVE cuesta de media 20 millones de euros. El mantenimiento cuesta unos 300 millones anuales y el presupuesto de ADIF anual suele superar los 3000 millones de euros. Actualmente la red de titularidad de Adif Alta Velocidad alcanza los 3.402 kilómetros, o sea 68.000 millones euros hemos invertido, entre otras necesidades esenciales para llegar a Toledo desde Madrid en media hora.
Pero bueno, volvamos al IMV, porque enseguida llegarán las críticas: fundamentalmente que si ello aquilatará una sociedad de vagos y de defraudadores. Por supuesto que habrá alguno que se querrá aprovechar de ello. Está en la triste naturaleza humana. Pero confío que los que pongan el grito en el cielo por posibles abusos, fraudes, vagancias, hagan lo mismo, y se indignen, por ejemplo, con los improductivos rentistas de capital inmobiliario. No olvidemos que las rentas del capital en España tributan menos que las del trabajo. No olvidemos el fraude, por “lícito” que sea, que es tributar por impuesto de sociedades en vez de por IRPF. No olvidemos los paraísos fiscales de algunos, no precisamente los que tengan derecho al IMV. Y sí, habrá alguno que defraude en este IMV, pero… ¿qué impacto tendrá su felonía comparada con las de grandes fortunas puestas de perfil?
En fin, en vez de la pobreza ganando la batalla en mi país, prefiero un IMV justo (pagado, no se olvide, con los impuestos de los ciudadanos trabajadores) aunque alguno me engañe. Como decía mi padre, más vale que digan de ti que eres tonto en vez de malo.



domingo, 10 de mayo de 2020

El asco



Es sorprendente, lo sé. Pero a veces un detalle nimio resulta ser la gota que desborda el vaso de lágrimas de la paciencia, ya mucho más que colmado. Quiero decir que, mira que ha habido momentos en estos meses para haberme espantado, rebelado, contra esta infame tipa, la Presidenta de la Comunidad de Madrid. Pero sus repugnantes fotografías de hoy (https://www.elmundo.es/madrid/2020/05/10/5eb6d37d21efa0181e8b457a.html ) me han enervado definitivamente.
Qué desvergüenza, qué asco. Pretender pretende engañar al presente y al futuro tergiversando la memoria en beneficio propio. Desfachatez.
En fin, nunca he creído que una imagen valga por cien palabras; más bien al contrario, una palabra vale más que mil imágenes.
Por eso, y porque toda la gente las ha visto y rebotado, no reproduzco aquí las infames fotos de esta “personaja” sin decencia ni respeto por sí misma ni por ningún ser humano.
Sus fotos en pose de Inmaculada Concepción de María. Ítem más, si yo fuera católico, me ofenderían.
Fotos penosamente maquilladas para querer transmitir una compunción falsa e insultante. Ítem más bis, si yo hubiera perdido a un familiar por el virus este, me ahogaría en rabia, en ira, deseoso de justicia ultraterrena, pidiendo a los hados un rayo que cayera donde debe y que por efecto del fuego desinfectara lo que tanto vómito provoca.
También dejo de colgarlas por evitar diatribas baldías y estériles sobre los sacrosantos derechos de autor del fotógrafo, un tipo que, sépase, se llama Carlos García Pozo, único responsable de su obra. La ruindad, el servilismo sí son también un Pozo. Uno sin fondo, sin iluminación, sin enfoque, sin profundidad de campo… Cuánto gozo en su hogar por haber hecho tan famosos y comentados esperpentos. Enhorabuena a los premiados.
Sí que pongo, sin embargo, y porque sí, otros burdos intentos de tergiversar la historia, bien conocidos por el imaginario general. Sacados de Internet, por ejemplo en: https://magnet.xataka.com/un-mundo-fascinante/16-fotos-manipuladas-que-pasaron-a-la-historia, dicho esto por si alguien quiere disfrutar con más dislates (como estos convenientes retoques de un purgado de Stalin, de un Trotsky que desaparece junto a Lenin, o un palafrenero invisible, para no restar heroísmo al caudillo montado Mussolini).
Y, ya lanzado al ruedo, pues también voy a poner otras fotos, de otro periódico, con otro rostro, compungido, arrebatado de dolor. Y cada cual que escoja.
Ahora me recluyo a intentar quitarme tanto asco. Cantándome, con su parte alícuota de imposible desesperación, lo que dice el tango:
Luego, la verdad,
que es restregarse con arena el paladar
y ahogarse sin poder gritar…


jueves, 7 de mayo de 2020

Amigos tipo Facebook


Creo que uno de los principales problemas de Facebook (además íntimamente relacionado con el otro, el más grave, el de la impunidad) es que la red no hace distinciones entre “amigos”. Alguien va y me pide amistad. Ignoro el porqué. Supongo que por ser yo amigo de amigos de amigos de amigos del otro. Se le da al que “sí”. Pero en realidad no somos amigos. O al menos no todavía.
Y precisamente esto es fuente de conflicto luego, en las típicas conversaciones y comentarios que provoca publicar algo. Cuando la gente se entusiasma comentando ad libitum entre los contertulios que se forman.
En estos comentarios normal y desgraciadamente hay referencias personales más allá del contenido de lo colgado. Y ahí es donde hay que diferenciar la naturaleza más o menos “pública” de las conversaciones.
Ocurría el otro día en el muro de una amiga mía, amiga de verdad. Alguien hizo unos comentarios demasiados personales sobre uno de los que charlaban bilateralmente con ella, con mi amiga. Mi amiga escribió que no le parecía bien la referencia personal que se había hecho, porque esa conversación era del tipo “Simplemente, estamos entre amigos.” La persona aludida respondió: “me parece muy bien que estén entre amigos pero como es un muro abierto creo que podía opinar”.
Lo que ocurre es que el hecho de que sea un muro público no quiere decir que cualquiera pueda hacer menciones “directas” a uno de los contertulios. Y dado que el comentario que desencadenó los dimes y diretes había sido una opinión ad hominem, el resultado fue que ya no nos ajustábamos exactamente a la primera premisa de que aquello fuera una conversación “pública”. Si los comentarios que se hacen son de carácter absolutamente objetivo, pueden aceptarse en un hilo de conversaciones entre amigos y meros “coincidentes FB”, pero la interferencia de un tercero con una formulación puramente subjetiva hacia uno de los contertulios, ya no son lícitos.
Por poner una analogía del mundo físico y analógico, es como si estamos en un bar, espacio público, Fulanito y yo. Estamos hablando de Darwin, y gente, conocida o no, alrededor escucha nuestra conversación. Hasta cierto punto sería legítimo que alguien, al oír en el espacio público tal conversación se atreviera a intervenir y decir “Perdonad, ese tal Darwin ¿quién es?”, o “Pues a mí Darwin no me convence”. Comentario general y objetivo, pase. Pero lo que no sería de recibo es que ese sobrevenido tertuliano dijera, sin conocernos íntimamente a Fulanito o a mí: “Qué triste que opines “tú” así de Darwin” o “Pero qué dices, “tú”, “tú” no eres quién para hablar de la teoría de la evolución…”. Por no citar exabruptos mayores que son los que superpueblan las redes. Eso es una intolerable intromisión en una conversación entre dos amigos, por mucho que esa conversación se oiga en voz alta en un lugar público, sea Internet o Bar Tolo.
En definitiva, el mero hecho de un comentario público en FB, si no desautoriza, sí desaconseja hacer menciones personales directas. Porque allí amigos, lo que se dice amigos, no lo somos todos. La inmensa mayoría apenas somos colegas de letras, compañeros de trabajo, vecinos, coincidentes de Internet, afines de ideas, qué sé yo. Y a esa inmensa mayoría de “amigos tipo FB”, no los hemos visto ni hablado ni intercambiado mensajes personales jamás. Suficiente motivo como para no tomarnos tantas confianzas. Cosa diferente es entre Fulanito y yo. Que sí somos amigos personales. Además de “amigos tipo FB”. Pero como digo, el problema es la falta de terminología apropiada en FB. O yo, que soy un viejuno.
En fin, por mi pobre experiencia en las redes, creo de antemano que en estos temas al final solo se produce un estéril intercambio de pareceres impermeables uno del otro y el otro del uno. Pero no lo olvidemos: el mundo analógico y el digital no son tan diametralmente diferentes. Las mismas normas de urbanidad y respeto operan y deben operar en uno u otro mundo, el físico y el virtual. Cuánta gente, sin embargo, no lo entiende así. Seré yo el equivocado.
En definitiva, cuando estas penosas situaciones me ocurren, cuando algún “amigo tipo FB”, muy desconocido para mí, me dedica una imprecación directa y subjetiva a mí mismo yo mí me mí conmigo. Me encojo de hombros. ¿Puede hacer su chusco o su genial comentario? Sí, claro, como en un bar. No podré impedirlo, lo sé.
Pero para mí esa clase de comportamientos son algo inapropiado en el mundo de relaciones personales (físicas o digitales) tal y como yo las entiendo. Así que, volviendo al símil del bar, hago en FB como haría allí, en la barra. Allí miraría al maleducado como entre los vapores del sueño, muy muy lejano, como si me hubiera hablado un idioma que no entendiera, como si apenas percibiera distorsionados ecos. Y no le respondería sino con un gesto, no con una conversación. Por ese motivo, mi respuesta en FB a menudo es un icono de desdeñosa risa porque de apnea no hay.
Fotografía tomada de Google sin copyright identificable