You can fool all the people some of the time, and some of the people all the time,
but you cannot fool all the people all the time.
(Abraham Lincoln)

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martes, 30 de septiembre de 2014

Salir de la crisis

Arrecian los mensajes del gobierno del PP con que estamos saliendo de la crisis. Cierto es. Muchos están saliendo de la crisis. Es más, están saliendo por la puerta grande, a hombros de sí mismos y tras dar vueltas y vueltas al ruedo. Como en el Monopoly: cobrando cada vez.
Pero ¿quiénes son esos que han salido de la crisis? Esa cuestión es más importante. Porque definitivamente las clases medias, las clases trabajadoras, los autónomos, los funcionarios, los desempleados, los precarizados, los estudiantes sin becas, ellos siguen en la crisis lapidados por impuestos regresivos y abusivos y por recortes sociales.
Y los que han salido de la crisis son precisamente los que nunca entraron en ella, los privilegiados, aquellos que gracias a sus “ahorros”, a sus inmensas fortunas en dinero contante y sonante obtenidas en la especulación financiera de hace diez años, ahora se están haciendo, por poner un ejemplo, con un ingente patrimonio inmobiliario, adquiriendo gangas con las que han convertido a sus hijos en rentistas viviendo del cobro de alquileres. Es sólo un ejemplo de las decenas que se pueden poner: “bankios” rescatados con el dinero de todos que se autofinancian sin dar créditos; industrias como la automovilística que con dinero público ha capeado el temporal del descenso de consumo de coches (utilitarios, los de lujo se incrementó su venta) y que luego nunca devuelve las ayudas cuando regresan las vacas gordas; el aprovechamiento de los que nunca tuvieron problema de liquidez para conseguir a inmejorables precios objetos de lujo (metales preciosos, diamantes…), acciones, empresas quebradas...
Todo esto, el modo en el que sólo los más privilegiados han salido de la crisis, no es sino una generalización de lo que en políticas sociales se denomina “Efecto Mateo” (H. Deleeck, 1979): aquel por el que los que se benefician más de los servicios sociales son aquellos componentes de la sociedad que tienen más información, más nivel de educación y de relaciones, en vez de los que realmente necesitan más los servicios sociales por su escasez de medios económicos. Se llama Efecto Mateo por este ambiguo texto del Evangelio de San Mateo: "Porque al que tiene se le dará más y abundará, y al que no tiene, aun aquello que tiene le será quitado" (cap 13, versículo 12).
Llevado este axioma a su generalidad se demuestra certero cuando vemos cómo las grandes fortunas, que no son pocas en España, han incrementado y diversificado sus patrimonios colocándose ellos y sus familiares en posiciones de ventaja para los próximo treinta o cincuenta años, echando por tierra cualquier posible mecanismo redistribuidor y cualquier principio de igualdad de oportunidades.

Pero eso sí, salir de la crisis están saliendo. Los de siempre, con ayuda de  gobernantes que son también los de siempre.

© dibujo Manel Fontdevila en lacebolla.es

martes, 3 de julio de 2012

Cualquiere tiempo passado o reivindicación de la Tasa Tobin


Título Treynta y dos: De los derechos de las lanas que fe facan deftos Reynos… (Transcribo a continuación en notación contemporánea)…

Título Treinta y dos: De los derechos de las lanas que se sacan de estos Reinos (Ley de 30 de abril de 1558, tal y como está recogida en la Nueva Recopilación de las Leyes del Reino de 1640):

A los del nuestro Consejo, y nuestros Contadores mayores, Presidentes y Oidores de las nuestras Audiencias, Alcaldes, Alguaciles de nuestra casa y Corte y Cancillerías, y a los nuestros Capitanes Generales, y sus lugartenientes, y a todos los Concejos, Corregidores, Asistentes, Gobernadores, Alcaldes, y otros Jueces y justicias cualesquiera de todas las Ciudades, villas y lugares de nuestros Reinos y señoríos de la Corona de Castilla, y a otras cualesquiera personas de cualquier estado y dignidad que sean, a quien toca y atañe, y puede tocar y atañer en cualquier manera lo que en esta nuestra carta contenido, y a cada uno y cualquiera de vos, salud y gracia. Bien sabéis, y debéis tener entendido, cómo a causa de los grandes y excesivos gastos y expensas que el Emperador mi señor y yo hemos hecho, así en conservación de la Religión Cristiana, y en defensa de nuestros estados, como en la guerra que hemos tenido y tenemos con el Rey de Francia, y los otros Potentados sus aliados, y resistir al Turco, común enemigo de la Cristiandad, las nuestras rentas y patrimonio Real están tan exhaustas y consumidas, que en ninguna manera, y por ninguna vía podemos del dicho nuestro patrimonio ser socorridos, ni proveer las cosas ordinarias, y extraordinarias, que son necesarias para el sostenimiento de nuestros estados y Reinos: y como quiera que por el bien común de ellos, y por relevar en cuanto fuera posible nuestros súbditos y vasallos, que es lo que siempre deseamos y procuramos, hemos mandado diversas veces platicar a los del nuestro Consejo de estado y hacienda sobre los medios todos de que con menos daños e inconvenientes se podrían sacar dineros, y se ha usado y usa de algunos arbitrios y cosas que han parecido, no basta lo que de ellos se ha sacado y puede sacar para proveer las grandes y urgentísimas necesidades que tenemos. Y porque entre otras cosas hemos de tener y sostener gruesas armadas en la mar, así de Levante, como de Poniente, para resistir al Turco que envía poderosa armada, y a los otros infieles que con sus navíos y armadas infestan las mares, y los que por ellas navegan, y para resistir al Rey de Francia, y a los corsarios de aquel Reino, con las cuales armadas se asegura la mar, y los mercaderes tratantes y otros pasajeros podrían con seguridad tratar y navegar: y siendo como esto es, tan en beneficio de los mercaderes y tratantes, es justo que ellos ayuden al sostenimiento de las dichas armadas, durante la guerra que con el dicho Rey de Francia, y con el Turco tenemos. Y porque somos informados, que entre las mercaderías que se sacan de estos Reinos, una de las más principales es la de las lanas, en que los mercaderes, y personas que las sacan, tienen grandes intereses y ganancias, y los Reinos y Provincias para donde se llevan, son de ellas muy aprovechadas: por lo cual con acuerdo y parecer de algunos del nuestro Consejo, y otras personas doctas, a quien mandamos que lo viesen y platicasen. Y consultada la Serenísima Princesa de Portugal mi muy cara y muy amada hermana, Gobernadora de estos Reinos, hemos determinado de cargar un nuevo derecho sobre todas las lanas que se cargaren y sacaren de nuestros Reinos de Castilla, por mar, o por tierra, para fuera de ellos, durante las necesidades tan urgentes y grandes que de presente se nos ofrecen: el cual dicho derecho queremos y mandamos, que se cobre en las partes y lugares, y en la cantidad, y por la orden y manera siguiente…

…Y que este derecho se entienda ser nuevo, distinto y apartado de otros cualquiera que se han de cobrar y pagar de más y allende de los derechos que las dichas lanas pagan, y suelen pagar y deben pagar al tiempo que se sacan y llevan de estos nuestros Reinos por mar o por tierra: y que no  se ha de excusar de lo pagar ningún Concejo, ni Universidad, ni persona privilegiada, so color de privilegios que tengan de Nos, y de los Reyes nuestros progenitores, ni por sentencias y cartas ejecutorias, usos y costumbres, ni por otra cualquier causa que tengan o puedan tener para se excusar de pagar el dicho derecho: porque con esta carga y con esta condición es nuestra merced y voluntad que se saquen las lanas de estos nuestros reinos: y de otra manera no damos licencia ni facultad a las tales personas, para que las puedan sacar, y las prohibimos y vedamos como las otras cosas vedadas, que no se pueden sacar de los dichos nuestros Reinos.


La misma necesidad hoy. La Historia se repite. Las nuestras rentas y patrimonio Real están tan exhaustas y consumidas, que en ninguna manera, y por ninguna vía podemos del dicho nuestro patrimonio ser socorridos, ni proveer las cosas ordinarias, y extraordinarias, que son necesarias para el sostenimiento de nuestros estados. Diferentes inversiones que han llevado a la urgentísima situación. La guerras contra el Turco y Francia entonces; la voracidad inversora hoy: infraestructuras innecesarias, operaciones fraudulentas sobre hipotecas… Apliquemos, pues, una solución similar sobre la otra “lana”, para evitar recargar, como intentaba Juana de Austria, regente en ausencia de Carlos I, a los súbditos y vasallos, hoy ciudadanos. Evitémosles esa recarga. No a la subida del IVA, no al recorte de salarios de los servidores públicos, no al copago sanitario, no al recorte de pensiones. Apliquemos ya la tasa Tobin.

La tasa Tobin (Wikipedia) es un impuesto a los bancos, a las transacciones financieras, sobre el flujo de capitales en el mundo, de modo que cada vez que se produce una operación de cambio entre divisas, se cobre una tasa.

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) concluyó que la tasa Tobin permitiría recaudar 720.000 millones de dólares anuales, que deberían utilizarse para alcanzar los Objetivos de pobreza del Milenio. Al fin y al cabo, según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (UNDP), con el 10% de la suma recaudada sería posible proporcionar atención sanitaria a todos los habitantes del planeta, suprimir las formas graves de malnutrición y proporcionar agua potable a todo el mundo, y con un 3%, se conseguiría reducir a la mitad la tasa de analfabetismo presente en la población adulta, universalizando asimismo la enseñanza primaria.

La tasa Tobin está orientada a la amplitud de transacciones comerciales internacionales de la economía real. Pero si además establecemos un indicador concreto en su aplicación referido al campo exclusivo de las transacciones financieras de carácter especulativo, se podría ejercer una mínima tutela sobre los mercados monetarios y financieros internacionales causantes de la reciente crisis. La tasa entonces penalizaría especialmente las operaciones puramente especulativas de ida y vuelta a muy corto plazo entre monedas, y en menor medida a las inversiones reales. La tasa Tobin devendría así en un instrumento de control de la actividad especulativa, basada en instrumentos financieros complejos, de alto riesgo y alta volatilidad. La crisis económica de 2008-2010, provocada por las inversiones de alto riesgo a largo plazo, financiadas con deuda a corto plazo, muestran que la tasa Tobin podría convertirse en un instrumento estabilizador que podría evitar crisis económicas.

En 2008, la UE estuvo a punto de aprobarla, pero los famosos y oportunísimos (y falsos) “brotes verdes” anunciados por la OCDE echaron por tierra la propuesta cuando por fin estaba madura y en vías de ratificarse en Bruselas…

Ahora es la oportunidad de rescatarla del olvido, justo cuando se va a proceder a otro “rescate” paralelo, el de la Banca, hecho con el esfuerzo de todos. Y puesto que ellos los mercaderes, y personas que las sacan, tienen grandes intereses y ganancias, y los Reinos y Provincias para donde se llevan, son de ellas muy aprovechadas… sean ellos quienes asuman el deber de aportar soluciones a la crisis…

miércoles, 30 de mayo de 2012

Deslocalizaciones y el Efecto Bumerán

Cuando comenzó la globalización del flujo de capitales y del comercio de productos, algunos imaginamos que en Europa seríamos capaces de deslocalizar pronto nuestro sistema de valores (solidaridad, sindicalismo, seguridad social, asistencia sanitaria y educación universales y gratuitos...) a aquellos países que “competían deslealmente” con nosotros por falta de libertades, democracia, derechos sociales. Deslocalizando el Estado del Bienestar a aquellas latitudes desaparecerían las ventajas comerciales de esos otros países, basadas en la explotación, la esclavitud, la desigualdad, la desprotección y la injusticia. Despertarían con nuestro ejemplo los pueblos y los ciudadanos, y los trabajadores exigirían sus derechos de hombres y mujeres y así se podría mantener finalmente un equilibrio de intereses y de intercambio de bienes, productos y servicios.

El neoliberalismo, mientras algunos seguíamos soñando nuestra utopía, optó por deslocalizar sus empresas y fábricas para servirse de las ventajosas condiciones de explotación en esos países del llamado Tercer Mundo y mantener así su “competitividad”, pagando menos por el trabajo allí de lo que deberían pagar, civilizadamente, en Europa.

Después de ir ganando allí aquella batalla, la de “minimizar” costes de producción sirviéndose de mano de obra barata y sin derechos, el neoliberalismo pasó a la fase del Efecto Bumerán con habilidosa maestría. Lo que ellos habían provocado, lo volvieron contra nosotros mismos aquí. Nos dijeron que en un mundo globalizado, si queríamos estar a la altura de la producción de los países emergentes, teníamos que flexibilizar nuestros trabajos y rebajar nuestras expectativas sociales aquí, en Europa.

La lentitud (o inexistencia) de avances democráticos y sociales en China, India, Brasil, Sudáfrica, Rusia, etcétera... nos hizo creer que nunca llegarían. Y entonces en un nuevo retruécano neoliberal, llegaron más allá y ahora nos quieren vender que la supervivencia de la Unión Europea pasa porque im portemos a Europa las condiciones laborales y sociales de aquellos países hundidos en la desigualdad y la miseria. Tenemos que brasilizarnos, como dice Ulrich Beck


Realistas, nos dicen que debemos ser. Pero no querer renunciar a metas ambiciosas como seres humanos no es dejar de ser realistas. Bien realistas son algunas propuestas concretas que llevan años esperando el pundonor de la sociedad. La Tasa Tobim, quince años casi en el cajón de la utopía, cuando es tan factible (véase que ésta es una utopía realista, no una utopía totalizante antiglobalización que postularía la prohibición de los movimientos financieros especulativos internacionales per se). Claro que de algo como la Tasa Tobim deberíamos recordar a Schopenhauer, que dijo: “Toda verdad pasa por tres etapas: primero se la ridiculiza, después genera una violenta oposición y finalmente resulta aceptada como si fuera algo evidente”.

Mientras tanto, el neoliberalismo seguirá intentando convencernos de que sólo hay una salida. Y la hará patente en su reforma laboral para precarizar el trabajo en beneficio de la crisis. Pero claro, el objetivo último de esa visión del trabajo posible en Europa es, una vez más, como en tantas otras cuestiones de la realidad social, crear inseguridad, hacernos vivir en el miedo. El miedo vuelve al hombre sumiso. Si acabamos todos convertidos en menesterosos, suplicantes, consideraremos el trabajo un lujo, cuando es un derecho. Pero así, valiéndose de una infección mundial de miedo, nos querrán transformar a todos en esos viajeros de avión que en el aeropuerto aceptamos humillados las vejaciones que hagan falta para que no nos saquen de la fila de embarque.

De todos modos yo aún sigo confiando en que habrá revoluciones en todas las latitudes. Sigo creyendo que miles de millones de personas que en el mundo viven en la miseria, más acostumbrados a ver morir a sus hijos en la hambruna y por falta de salubridad que a salir a flote, un día reclamarán a sus gobiernos la dignidad que les corresponde como seres humanos, como padres y madres, como trabajadores... Un  día se levantarán para exigir en sus países que la sanidad, las pensiones, la educación y el trabajo son derechos, no mercancías y entonces la globalización será, aquí y allá, un verdadero fenómeno de justicia e igualdad.

martes, 8 de mayo de 2012

El hundimiento del Maine

Hay quienes pretenden que la obstinación en la mentira acaba por convertirla en verdad aunque sea sólo por el hastío final de los que tienen que oír la falsedad hasta la extenuación.
Pero al final la verdad resplandece. A menudo demasiado tarde, o con gran dolor, pérdida y desgaste. Pero resplandece. Aunque también es cierto que algunas de las cosas deterioradas por la interesada mentira no se recuperan jamás o lo hacen tan tarde que para generaciones enteras es como si no se hubieran reparado.
Pues hoy, igual que en el famoso hundimiento del Maine, no sólo nos quieren engañar sino que quieren volver la mentira contra nosotros culpando a quienes no provocaron el hundimiento.
Y no hablo del hundimiento del Maine, sino del naufragio premeditado al que la ideología neoliberal quiere conducir a todo lo público. Como aquellos piratas terrestres que apagaban los faros y encendían otras luces para con engaños llevar a las naves a los arrecifes y desvalijarlas.
Eso es lo que me parece que está ocurriendo en nuestros días ante nuestra propia pasividad. Hagamos pues memoria, esa palabra tan denostada por algunos.
En el Principio fue la idea: Thatcher y Reagan en los 80’ proyectando acabar con el Estado por su supuesta ineficiencia ante el sacrosanto dios de los mercados.
En los 90’, aprovechando seguramente ese momento de confianza y esperanza que supuso el fin de la Guerra Fría, los secuaces de aquéllos impusieron sin hacer muchas preguntas a los ciudadanos la desregulación indiscriminada, las privatizaciones sin control, las liberalizaciones sin supervisión. Todo ello dando por hecho que la intervención de los poderes públicos, democráticos, ciudadanos y no corporativos supone siempre un lastre para el crecimiento y el enriquecimiento.
En el caso de España, por poner un primer ejemplo, aprobó el Sr. Rato una Ley del Suelo que convertía a quien quisiera en promotor, fuera o no dueño del suelo. El objetivo era producir. En concreto ladrillos. No es momento en esta primera incursión de abordar las repercusiones ambientales, por ejemplo, sino sólo la de identificar dónde empezó a inflarse la burbuja aquella que, para hincharla en condiciones precisó de la venida de cuatro millones de emigrantes.
En el 2008, todo el andamiaje que soportaba la burbuja se cayó (falseamiento de tasaciones, hipotecas por mayor valor que la casa para financiar otros menesteres como coches o viajes, seguros para cubrir valoraciones ficticias…) llevándose consigo todo lo que hoy llamamos “La crisis”, financiera.
Entonces salieron los mismos que desde sus empresas de rating, sus bancos, sus empresas, sus evasiones fiscales habían organizado el inflado a explicarnos que lo que no se sostiene en verdad es el Estado del Bienestar, que la Ley de Dependencia es un lujo del país rico que ahora resulta que no somos, que la culpa del gasto en desempleo la tienen los emigrantes (los mismos emigrantes sin los cuales no habría habido el modelo de desarrollo del ladrillo promovido por aquéllos; las mismas emigrantes que han permitido sentirse alta burguesía a tantas familias y gracias a las que muchas mujeres pudieron incorporarse a puestos de trabajo fuera del que realizaban en sus domicilios), que vivimos demasiado, que consumimos demasiadas medicinas, que los funcionarios no se ganan el sueldo (cuando la mayoría de esos funcionarios fueron espectadores del enriquecimiento realmente ilícito de tantos otros trabajadores que ayudaron a inflar precios y salarios de ficción)…
Así ahora se cierra aquel plan ideado por Thatcher y Reagan hace 30 años, el del desmantelamiento de lo público en beneficio de lo privado, lo individualista, el sálvese quien pueda. Y en una pirueta en la que creen que van a engañarnos todo el tiempo, todavía nos echan la culpa del desastre a los que creemos en lo público, en la solidaridad y la sostenibilidad, y vienen a convencernos de que la única medicina para desfazer el entuerto de las liberalizaciones y desregulaciones ahora es recortar gastos. Reducir gastos sociales, “replantearnos” el Estado del Bienestar. Apartando una vez más el foco de atención de dónde estuvo el error. Nos quieren decir que la Ley de Dependencia no se puede financiar, pero no nos dicen los cientos de miles de millones invertidos en autopistas de peaje sin coches, aeropuertos sin aviones, puertos sin contenedores o trenes de alta velocidad con más apeaderos que paradas. Nos dicen que hay que recortar la sanidad, la educación, mientras una misión en Afganistán nos cuesta más de un millón de euros al día. Al día. (En el caso de Estados Unidos el coste es de 2.000 millones de dólares a la semana… reluctantes son los números cuando algunos se empeñan en hablar del problema de liquidez…). Nos dicen que TVE es demasiado cara y que habrá que suprimir, curiosamente, los programas de mayor audiencia. Curiosamente, también, ello redundará en el incremento del “share” de las televisiones privadas sin tener que modificar sus programaciones…
Qué bien ha cuadrado todo para que la ideología neoliberal se nos imponga ahora no ya como la del Pensamiento Único sino como la única alternativa real para salir de esta crisis, por supuesto sin cambiar uno sólo de los principios que de verdad nos han metido en ella; manteniendo el modelo de vida que acabará conduciendo al naufragio aquel.
Todos hemos tenido culpa en este desmán generalizado. Pero algunos más que otros. También aquellos ciudadanos de a pie que se dejaron llevar por la codicia y vivieron unos años en un comic muy por encima de lo razonable, muy a lo cigarra y no a lo hormiga, que no guardaron nada para este invierno duro que se nos viene encima.
Pero, de todos modos, aún confío en que los ciudadanos despertemos e impidamos el desmantelamiento de la conquista de los derechos de todos. Lo dice el escritor Pérez Andújar, constataremos que “lo definitivo no es más fuerte que uno mismo”, recordando siempre a Abraham Lincoln que sabía que “se puede engañar a todo el mundo alguna vez, y a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo”.

(El 25 de enero de 1898, con la excusa de asegurar los intereses de los residentes estadounidenses en la isla, Estados Unidos envió a La Habana el acorazado Maine. El 15 de febrero hubo una explosión en el Maine y se hundió.
Los estadounidenses sostuvieron desde el primer momento que la explosión había sido provocada y externa. La conclusión de las investigaciones españolas fue que la explosión era debida a causas internas. Ciertos documentos avalarían la hipótesis de que la explosión fue provocada por los propios estadounidenses con el objeto de tener un pretexto para declarar la guerra a España. Algunos estudios actuales apuntan a una explosión accidental de la santabárbara.
España negó desde el principio que tuviera algo que ver con la explosión del Maine, pero la campaña mediática realizada desde los periódicos de William Randolph Hearst convenció a la mayoría de los estadounidenses de la culpabilidad de España). (Fuente Wikipedia)