You can fool all the people some of the time, and some of the people all the time,
but you cannot fool all the people all the time.
(Abraham Lincoln)

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sábado, 13 de agosto de 2016

Pamema

Como si la gris materia (pero gris de mediocre) de ciertos mandamases socialistas no diera ya más de sí definitivamente y no supieran en Ferraz el modo airoso de salir del callejón alicatado hasta el techo en el que ellos mismos se metieron tras las primeras elecciones con aquel prodigio de “buen” hacer negociador, cuando entonces se creyeron que Podemos podría (perdón por el pleonasmo) tragarse el sapo de la firma a bombo y platillo de Pedro Sánchez y Albert Rivera y sumisos unirse a ambos corifeos dispuestos a hacer de voz muy secundaria, rastas mediante.
Como si la escasez de ideas hubiera alcanzado su apogeo en Feraz, ahora, cuando ya no saben qué hacer para que no se culpe al PSOE de la parálisis y el desgobierno en España, vienen con la pamema de pedir que se cree en el Congreso una comisión de investigación sobre la financiación ilegal y las tramas de corrupción que afectan al PP para que den en ella explicaciones Mariano Rajoy, José María Aznar y Luis Bárcenas.
Pero venir a estas bajuras del partido con eso es casi de broma, de un hiriente mal gusto. Como si no supiéramos lo que dan de sí las comisiones parlamentarias. Más aún cuando ésta es literalmente innecesaria pues hay decenas de investigaciones policiales y juicios en marcha y una buena retahíla de imputados en las cárceles.
¿A qué viene la petición? ¿No se les ocurre otro juego malabar para irnos preparando al “ciudadanaje” para una abstención en segunda vuelta que dé el gobierno al PP…? Y luego vendérnoslo como responsabilidad de Estado pero pudiendo argumentar que además se ha impuesto esta inane salvaguarda, la de que se investigará en las Cortes la corrupción del PP. Corrupción que ya es pública, notoria y sub iúdice y aun así no les ha supuesto descalabro alguno electoral a tanto ladrón de guante blanco, negro y sobre todo azul.

En fin, hasta aquí llega el talento de los mediocres, para esto está quedando el esfuerzo de las segundas elecciones. Para pamemas. Que ya se sabe, según la RAE son: “hechos o dichos insignificantes, fútiles y de poca entidad, a los que se ha querido dar importancia”. Y también, en segunda acepción: fingimiento, simulación”
Non nobis domine… a otros canes con ese hueso…

lunes, 9 de febrero de 2015

Chamartín vs Campamento

Por fin se ha consumado algo que tristemente a principios de 2012 ya anuncié que ocurriría. Porca miseria haber sido profeta en mi tierra esta vez.
Nada más llegar al Gobierno el PP desmanteló la Operación Campamento que tras 25 años de idas y venidas por fin iba a comenzarse teniendo el Plan Parcial aprobado y estando la propiedad del suelo en poder de una empresa pública. Así la propuesta era sostenible, pública, mayoritariamente de vivienda de protección oficial, aportando además mejoras fundamentales en los accesos en una zona colmatada de tráfico y otras mejoras de habitabilidad en infraestructuras públicas en unos barrios claramente más desfavorecidos que otros de la capital como Chamartín.
Como digo, nada más llegar el PP al poder desmanteló la Operación Campamento aduciendo que era muy cara e inviable para hacerse desde la iniciativa pública. Ya entonces denuncié el trasfondo habido, la oculta verdad.
En Madrid, tras la burbuja urbanística no había “hueco” más que para una gran operación y a largo plazo. Y de siempre había dos que competían por ese hueco, la operación pública de Campamento y la privada de Chamartín… Eliminando a base de ficticias trabas la operación pública se ponía todo a favor de la privada que prevé la construcción de 17.739 viviendas, pero sólo un 10% de ellas, 1.774, protegidas, siendo el resto libres a unas medias de precios superiores a los 4.000 euros por metro cuadrado. El proyecto también incluye una zona de negocios con rascacielos de oficinas, hoteles y centros comerciales.
Poco más hay que decir cuando la semana pasada se anunció el lanzamiento de la Operación Chamartín con la constructora Grupo San José y el BBVA como principal protagonista, pues el banco es dueño del 75,5 % del suelo.
Quien quiera entender, que entienda.

(Imagen de El mundo.es)

lunes, 16 de julio de 2012

Lo que hay detrás del pañuelo del mago


El prestidigitador acaricia a su conejo y saca con histrionismo un pañuelo de colores de su bolsillo. Lo mueve en el aire, habla a la vez de algo insustancial, cuenta un chiste, saluda a la ayudante en bikini que baila. Los espectadores presienten que les van a hacer, abracadabra, la magia y quieren pillarle truco. Están pendientes de él, del pañuelo, para que no les engañe el ilusionista y hacerse la ilusión de que son tan listos como él. Con toda la atención ahí concentrada, en el pañuelo colorido, el mago consigue su propósito. Aprovecha entonces y con la otra mano esconde en su manga el conejo. Lo ha conseguido, ha despistado al respetable. Creían que el espectáculo ocurriría en el pañuelo, pero el pañuelo es un pañuelo, nada más. El verdadero truco es ocultar al conejo. El conejo, por cierto, tiene mixomatosis, es un conejo enfermo…

Entre el miércoles pasado el presidente Rajoy, y el viernes su vicepresidenta y los ministros de Economía y el de Hacienda, nos hicieron este truco utilizando un pañuelo de muchos colores para despistar y, en vez de a la tiple en paños menores bailando, a Juan Carlos I saliendo en la foto de la prestidigitación.

El sábado los ciudadanos y los medios de comunicación se hacían cruces por el paquetazo de recortes: subida del IVA, menos beneficiarios de viviendas de protección oficial, incremento de la base de cotización, no disponibilidad de gasto público (600 millones de euros, que casi se satisfarían sólo con traernos de vuelta a las tropas de su excursión heroica por Afganistán donde nos cuestan más de 400 millones de euros al año, más de un millón al día), ultimátum de tasas anunciadas a las energías renovables, rebaja en el seguro de desempleo y amenaza al menor “indicio de fraude”, la puntilla definitiva a la Ley de Dependencia (el Gobierno ya no pagará la cotización de las cuidadoras y reduce aún más y más la financiación), y sobre todo el indiscriminado pero interesado abuso perpetrado con los funcionarios como atracción de feria a la que arrearle pelotazos…

Todos mirando los colores del pañuelito, y sobre todo el color negro de lo de los funcionarios, a los que los ciudadanos acostumbran a aplicar el mítico “¡que se jodan!” dedicado a los parados por la hija del español al que más ha tocado la lotería en la historia, mister Fabra. Y mientras tanto, los listos prestidigitadores escondiendo el conejo mixomatoso: la reforma de las Diputaciones Provinciales.

Amparados en la excusa de las supuestas duplicidades, esta reforma tiene un objetivo ideológico evidente: abundar en el desmantelamiento del Estado del Bienestar. Pero, por supuesto, no se trata de un mero derribo del edificio de convivencia social de nuestro cariacontecido país, sino de una “apropiación indebida”, un traspaso empresarial en toda regla, para convertir en privado lo que es público.

Esta reforma de la Diputaciones Provinciales (38 en España más las tres forales vascas, un 90% de ellas en poder del PP, por ejemplo del ya mentado Fabra y su faraónica estirpe que viene heredando el puesto con histórica persistencia) pretende quitar competencias a los ayuntamientos (las que el PP denomina competencias “impropias”: asistencia social y sanidad) y pasárselas a las diputaciones. Pero el truco, la letra pequeña está en que estas diputaciones no tienen medios ni económicos, ni personales, ni capacidad normativa ni impositiva para ejercer tales competencias. Así, la propia Ley aprobada el viernes por el PP señala que “si” las diputaciones no pueden prestar de forma directa los servicios que se les encomienden… podrán hacerlo de forma indirecta… o sea, se desmantelan los servicios municipales, se pasan a administraciones muy mayoritariamente en poder del PP desde las últimas elecciones, y se procede a la privatización de la sanidad y los servicios sociales. ¡Olé!

Y también puede llegarse a poner otra guinda en el pastel: que las tasas de residuos urbanos las sigan recaudando los competentes (no hay más remedio mal que les pese), los ayuntamientos, pero que el servicio lo contraten las diputaciones, lo que provocará, sin duda, unos tejemanejes de esos que acaban en corrupción gurtélica de la que todos luego se tiran de los pelos y se hacen católicas, muy católicas cruces.

Pero la verdadera reforma necesaria en las Diputaciones Provinciales sería su eliminación. Se trata de administraciones superfluas, decimonónicas, que a algunos sesudos españoles les han supuesto siempre algo tan arcano como que el bueno de Jardiel Poncela aspiraba antes de su muerte apenas a saber para qué servían.

Y eso que hoy es bastante identificable para qué sirven estas clientelares administraciones: para gastar en carreteras superpuestas como los estratos de Troya a la carreteras nacionales y autonómicas; para colocar primos; y para otorgar premios literarios que apenas enriquecen a ciertos editores expertos en tener la exclusiva para publicar (a menudo “malpublicar”) los libros ganadores, que demasiadas veces pasan a ocupar en sus cajas sin desprecintar los almacenes de material de oscuras bodegas administrativas.

Seis mil millones de presupuesto, cuatro mil millones de deuda y mil diputados, más personal de confianza, asesores, y funcionarios y laborales en su gran mayoría de la viejísima escuela franquista… Sí, las diputaciones provinciales sí que serían un buen lugar para recortar con racionalidad. Seis mil millones de euros… caramba, una cifra tan parecida a la del recorte hecho con las otras medidas que bien podía haberse tomado ésta sólo.

Pero para cuando descubramos que el truco estaba en el conejo escondido y no en el pañuelo aireado y nos acordemos de esta medida, tomada por el Gobierno este viernes, ya estarán en manos privadas servicios públicos que conforman el corazón del Estado del Bienestar. Y si alguien entonces clama al cielo de lo público, le responderán, birlibirloque, que la deuda de los ayuntamientos es insoportable. Así en general, sin explicar que un 60% de esa deuda municipal la fagocita enterita la sola ciudad pepera de Madrid.

Pero qué más da… ¡que siga el espectáculo! Pocas cosas gustan tanto a los “españuelos” como que nos hagan juegos de manos y nos den gato por liebre. Pocas cosas nos atraen tanto como una demolición “controlada”. ¡Ah!, la belleza de la destrucción, el virtuosismo de los dinamiteros… signos inequívocos de este país que prefiere una pandereta a Pau Casals.