You can fool all the people some of the time, and some of the people all the time,
but you cannot fool all the people all the time.
(Abraham Lincoln)

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miércoles, 18 de junio de 2014

Mondopolio

El motivo por el que este blog se llama “El hundimiento del Maine” es, evidentemente, sacar a la luz esas mentiras que algunos pretenden hacérnoslas pasar por verdades simplemente por el hecho de repetirlas ad nauseam.
El capitalismo lleva años vendiéndonos la moto de que a ellos lo que más les importa es la competencia, el libre mercado en el que sólo cuando unas empresas compiten con otras todos salimos beneficiados. Sin embargo, los hechos demuestran que lo que de verdad le pone al capital es tener la exclusividad, el monopolio con el que un solo dueño se forra haciendo que los demás pasen por el único aro de sus productos y sus precios. Aunque los empresarios lo niegan ante el mismísimo dios de dioses suyo, el dinero.
El socialismo, cuando existía, era en esto más honrado y defendía la bondad del sistema monopolístico pero ejercido por el Estado con la idea de socializar los beneficios en vez de concentrarlos en algunas privilegiadas familias.
Desde los 80 el capitalismo arreció en su falsedad de que lo mejor para la sociedad era acabar con los monopolios. Aunque el que tenía un restaurante en Villamerite del Páramo se esforzaba más que nada en que no hubiera otro en toda la comarca. Y en especial los empresarios denostaron aquellos monopolios de los que no se beneficiaban ellos. Así nos juraron que privatizando, liberalizando y desregulando, se multiplicarían las empresas y por tanto la competencia bajaría los precios y el bienestar llegaría a casi todos.
Entonces privatizamos los grandes monopolios estatales. Durante un tiempo se mantuvo la ficción de que hubiera varias empresas tras las privatizaciones, pero en seguida, como si no nos fuéramos a dar cuenta, comenzaron las fusiones, las adquisiciones, las “merge”, las opas, hostiles si era el caso… Con lo que muy pocos años después volvimos a tener monopolios o acaso duopolios. En la telefonía, la energía, las televisiones… Pero ahora sus dueños tenían nombre y apellido y salían en le revista Forbes.
Dando un pasito más, mezclando los monopolios nacionales con la globalización, se traspasaron las fronteras de los estados con las multinacionales dando lugar al mondopolio en bancos, compañías aéreas, industrias químicas, farmacéuticas, fabricantes de coches, tecnologías de la información.
No hay más que echar un vistazo al campo de batalla tras la contienda de las privatizaciones y veremos cómo los nuevos dueños del cotarro (después del frenesí de las fusiones) no pasan de ser tres o cuatro patronos bien conocidos en cada sector.
Ejemplos sobran, valga este botón de muestra: se fusionan dos macroempresas farmacéuticas. ¿Queremos saber los beneficios sociales de esta unión? Sencillo: 15.000 trabajadores (un 15% de la plantilla) son despedidos; los dos patronos ganan un 60% más; y, tal vez, a vosotros y a mí, oh fortuna, nos bajen un centavo de euro el precio de las aspirinas. Pero no nos quepa duda de que los precios de los fármacos más sofisticados (sida, gripe, cáncer, malaria) serán, son, más caros. Y eso en el flamante primer flemático mundo sin flemas, porque, como las cifras son insidiosas, sepamos que con la sola prima de despido de uno de nuestros banqueros de las antiguas cajas de ahorro devastadas y privatizadas, podríamos erradicar la polio de África entera.
Pensémoslo: volemos donde volemos, la factura del billete la pagamos a uno de los cuatro empresarios mal contados dueños de las líneas aéreas fusionadas que operan en el mundo, y a uno de los dos constructores de aviones que hay (Boeing y Airbus). Si telefoneamos a nuestra prima lo hacemos por uno de los tres operadores mundiales, que cambian de nombre en los diferentes países pero son el mismo perro con distinto collar. Cuando navegamos en Internet o escuchamos música estamos patrimonializando a Ted Turner y Bill Gates. Y a sus trabajadores, claro, o sea a los que hayan quedado contratados precariamente después de las regulaciones de empleo, eufemismo actual del despido y la exclusión.
Cada vez que compramos un coche, de cualquier marca, tenemos un tercio de probabilidad de hacerlo al amo de General Motors, que ya a principios del siglo XXI anunció 14.400 despidos. Y en 2009 despidió a otros 10.000 de sus 63.000 trabajadores, rebajando además a los que quedaron hasta un 10% sus salarios; y en 2014 otro tanto de despidos.
Igual que Coca-Cola fusionando filiales en España con el único motivo, según sentencia, de disminuir costes despidiendo plantilla.
Igual que General Electric, que en plenas vacas gordas, en 2001, con unos beneficios de 10.717 millones de dólares, a un crecimiento anual del 15,3%, decidió poner en la calle a 75.000 trabajadores, eso sí, globalizándolos, esto es, despidiéndolos por todo lo ancho y largo del mundo.
Pero en algún momento los ciudadanos deberíamos rebelarnos contra los 'mondopolios', hacer que caiga el capitalismo estético para que surja la economía ética, una economía ‘con’ mercado y no ‘de’ mercado, al servicio de la solidaridad. Deberíamos conseguir que el Estado, nacional y supranacional, sacara la cabeza de avestruz de la preocupación única por su propia supervivencia y obligarle a ejercer su función, que no es otra que cuidarse del bien común.
Perseverar en el 'Mondopolio' nos conduce de vuelta a un prehistórico pasado, una Altamira troglodita, oscura y sin grafitis donde, como dijo Jack London, la vida vuelve a ser el enfrentamiento entre explotadores y explotados. Hoy, frente al economicismo atroz y monocrático que una vez más socializa las pérdidas, privatiza las ganancias (véase el caso de AENA el viernes pasado) y excluye a los más necesitados, debe alzarse la hora de la democracia plena, porque no hay democracia sin bienestar y viceversa.
En un mundo más civilizado deberá primar un día la tutela de todos frente al imperio de los pocos o si no el futuro se convertirá en un lugar parecido a una plaza de toros mansos. Un ruedo de cabestros ciegos inevitablemente heridos, no ya por el estoque sino por la encefalopatía espongiforme del insolidario, que nos convierte en algo inútil como un buey sin yunta que a rastras, sin aplausos, sin indultos, se llevan los mulos del olvido hacia ninguna parte.
 
(Imágenes logos en Wikipedia y contrainfo.com)
 
 
 
 

martes, 20 de mayo de 2014

Lo gratis contra el capitalismo. O viceversa

El capitalismo triunfante de hoy en día es responsable no sólo del credo económico con el que nos hacen comulgar a todos queramos o no. También es responsable de ciertos cambios que ha producido sutilmente en el subconsciente individual y colectivo.
Así tengo la impresión de que el capitalismo y la mercantilización de todo lo que toca; el capitalismo, que sólo cree en lo que tiene un precio, aunque se lo invente especulando; el capitalismo para el que apenas existe una verdad, el mercado; ese capitalismo desprecia y abomina de lo gratuito y ha conseguido que los ciudadanos repudien y refuten lo que es gratis.
Las reacciones se ven en un par de ejemplos algo complejos. Uno puede estar esperando una hora en un taller de una marca de automóviles para ser atendido. Como va a pagar por la reparación de su coche, se aguanta estoicamente. Pero si tiene que aguardar cinco minutos en un servicio público de un ayuntamiento, de un hospital, de un juzgado… entonces se encrespa hasta límites insospechados.
Del mismo modo, bajo el imperio del capitalismo hay que seguir vendiendo los libros de poesía, para que no sean despreciados, no por su contenido sino por su gratuidad.
Pero yo sé que la naturaleza nos da gratis los atardeceres, las cataratas, las migraciones de las aves. Por eso querría que la poesía no tuviera que pagarse para “tenerla”, para poder disfrutarla, porque la poesía es algo que jamás podrá poseer nadie pagando como se abona un precio para ser dueño de una casa o una furgoneta.
Y para terminar, precisamente porque la naturaleza nos da gratis los atardeceres, las cataratas, las migraciones de las aves es por lo que tantos ciudadanos y empresas y gobiernos la desprecian y abusan de ella hasta poner en peligro de extinción al planeta. No es de extrañar que el medio ambiente haya empezado a tener cierta repercusión mediática sólo desde que se puso precio a la calidad del aire que respiramos asignando un “valor” en dólares o en euros a la tonelada de CO2.
Pero el hombre y su mundo es siempre más que la moneda que utiliza aunque el capitalismo no sea capaz de entender ese concepto.

[Postdata de “actualidad”: no puedo dejar de hacerme eco del suceso (literalmente, o sea, de la sección de sucesos de los periódicos, no de la sección de nacional) que ha acaparado los medios esta semana: el brutal asesinato de la presidenta de la Diputación Provincial de León. Simplemente quiero decir eso, que no creo que sea un asesinato político en modo alguno y que por tanto debería salir en la sección de sucesos, junto a cosas tan terribles como un asesinato de género o uno durante un atraco. Algunos, Isabel San Sebastián, por ejemplo, con su admirable capacidad para aprovecharse hasta de algo tan brutal como un asesinato, ha publicado este tuit: “El asesinato de Isabel Carrasco NO ES (mayúsculas en el original) una venganza personal, sino vinculada (sic) al cargo; quienes defienden los escraches personales tomen nota!”. Pues yo voy y creo que este asesinato despiadado no tiene nada que ver con la política sino con una especie de empresaria y una especie de asalariada (y su madre) y con un conflicto laboral generado, aparentemente (según dicen las noticias que han trascendido de la investigación) en este orden: una persona se queda a un escaño de ser concejala en las elecciones municipales; posteriormente es contratada por la Diputación Provincial como interina; ese contrato de interino desparece y la persona queda sin trabajo; y luego lo que ya sabemos en la pasarela sobre el río Bernesga de León.
La interina, según noticias de prensa (El Mundo) “había perdido un contencioso laboral con la Diputación de León y tenía que devolver cantidades indebidamente cobradas cuando fue trabajadora interina. De hecho, conoció hace pocos días la sentencia definitiva que le obligaba a reintegrar esos montantes salariales. Los investigadores sospechan que esta situación podría estar relacionada con el móvil del crimen. Pero es sólo una de las hipótesis en las que se trabaja… La madre de la interina ha confesado a la Policía que cometió el crimen por "inquina personal". En su declaración la detenida explicó que quiso vengarse por el trato que la empleadora había dado a su hija, que fue despedida de la institución provincial”.

No se trata, pues, de un asesinato político, ni siquiera del asesinato de un político, aunque la asesinada lo fuera, sino del homicidio de un contratador por una extrabajadora (a través de la mano homicida de su madre según parece)].