You can fool all the people some of the time, and some of the people all the time,
but you cannot fool all the people all the time.
(Abraham Lincoln)

miércoles, 25 de junio de 2014

Diario apócrifo de un satisfecho


 Los gordos. Los gordos tendrían que pagar más impuestos. Algunos el doble, digo yo, porque mira que ocupan. Y qué decir de los inválidos y los tullidos, que se nos va un dineral poniendo altavoces en los semáforos y rebajando las aceras y todas esas vainas, total, para nada, porque luego casi no salen de sus habitaciones, que eso es lo que deberían hacer siempre, quedarse en sus casitas y ya está, como yo cuando tengo gripe.

No sé, estamos viviendo unos tiempos tan paternalistas y blanditos que da un poco de grima. Como si a los demás nos hubieran regalado las cosas. A mí, sin ir más lejos, de nada, de “n-a-d-a” me sirvió que mi papá fuera presidente de Telefónica con Franco. Jamás me aproveché yo de eso. Además, a quién le iba a importar mi abolengo, por cierto y excelso que fuera, cuando ingresé en la Yuniversity of Jarvard, o después de doctorarme en la Babylon Superego Centre de Chicago, o cuando empecé a trabajar en el despacho de abogados Beagle, Shyster & Beagle...

Pero los mediocres, que son siempre unos envidiosos, seguro que van diciendo por ahí que todo fue gracias a los enchufes de mi padre… como a él le salía gratis hacer una llamadita...

Pero nada de eso, que lo mío me ha costado conseguir el puesto y todo lo demás que poseo. Y tengo que pasar por lo que paso, que ayer mismo estuve ‘tope de estresado’ con lo de mis acciones. Por acciones no quiero decir lo que hice ayer, claro, sino lo de que mis títulos perdieron en Bolsa un tres por ciento por culpa de que en la ONU han aprobado un tratado internacional para controlar la venta de armas. Habrase visto. Indefensos nos quieren. Con lo que puede suceder con todos esos de las pateras llegando aquí por la cara.

Menos mal que en la familia siempre me enseñaron a arriesgar y a no ser un mariquita (la repanocha, que ahora dicen que es un orgullo ser un invertido y hasta pueden casarse y lo llaman matrimonio, sí, hombre, igual que el mío con Patricia Claudia en los Jerónimos), así que llamé a Borja y nos lanzamos a comprar unos yenes en Internet y ¡zas!, al cambio que daban en Frankfurt, no sólo recuperé lo perdido por el desplome de mis acciones en la empresa de armamento, sino que me ha sobrado para compararle otro coche a mi mujercita para celebrar su curso de cocina.

Y por eso, porque las ganancias son mías y lo mío me cuesta conseguirlas, (mis disgustos, mis sinsabores, mis intranquilidades) me niego a que me las expolien para dárselas luego regaladas y en especie a esa retahíla de vagos en el paro, a esa horda de maleantes menesterosos de la seguridad social que se creen que el dinero llueve sin trabajarlo. Que hay que currar, señores míos... ¡Pero qué se puede esperar de este país, ‘país’ lo llaman, en el que hace unos años hasta tuvimos que importar negros, sudacas y moracos para que hicieran nuestro trabajo! Y ahora que ha venido la crisis todavía se quieren quedar aquí mientras los españoles de toda la vida de Dios se tienen que ir a Alemania. ¡A dónde vamos a llegar!

Y esto ya no hay quien lo arregle... como campea  a sus anchas la moda del ‘pobrecitos los parados, pobrecitos los tontos’… ¡Qué parados, ni qué nada! ¡Al campo, que se vayan a Almería, que ya verán si hay peonadas que dar! Pero claro, es mucho mejor quedarse en casa esperando la sopa boba del subsidio del Estado, y si vienen mal las cosas, pues asaltando una farmacia o pegándole un tirón a una señora de las de bien de toda la vida... ¡Que no me ocurra a mí con mi mujer, que no respondo, cojo la escopeta y me organizo una montería que ni la de Semana Santa el año pasado en casa del Conde cuando nos cobramos ciento sesenta y dos ciervos en un solo día!

Lo dicho, si está muy claro, aquí no habría más que hacer que lo de al pan, pan y al vino, vino, y que cada cual coseche lo que haya sembrado, que todos nacemos del mismo Dios, hasta esos mamarrachos que van de ateos. Todos tenemos las mismas oportunidades. Lo que ocurre es que algunos las sabemos aprovechar sacrificándonos y arriesgándonos, e hincando los codos, y otros se dedican a rascarse la barriga como inútiles cigarras venga a pedir becas, ¡becas!, y luego van de cinco pelado y te dicen que es porque tienen que trabajar por la tarde o cuidar a su madre vieja o madrugar más porque van en metro. Pues que pidan un préstamo como hice yo en el banco para comprarme el Golf.

¡Vaya, qué acidez de estómago se me ha puesto con tanto disgusto! Nada, que voy a tener que apagar este purito. Y encima ya ha llegado el chófer de mi padre... Bueno, de pelotazo el coñac y de vuelta al banco de mi tío. Con lo feliz que sería yo vendiendo pañuelitos o haciendo malabares en los semáforos, no te digo...
 
(fotos elclarin.cl, narom.org y wikipedia)

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