You can fool all the people some of the time, and some of the people all the time,
but you cannot fool all the people all the time.
(Abraham Lincoln)

domingo, 30 de agosto de 2020

La búsqueda de la Felicidad


Me encuentro por doquier hiperrealistas que se mofan del intento de reeditar antiguos conceptos humanistas en la actualidad. Por ejemplo, el derecho a la felicidad.

Curiosamente, a los más neoliberales, los más pro imperio yanquee, les da un ataque de risa ante la pretensión de limitar los perniciosos resultados del capitalismo salvaje retornando a una concepción más humana de las relaciones mundiales, superando el paradigma del egoísmo y el beneficio a costa de todo y todos.

Olvidan tal vez que la propia Declaración de Independencia de su idolatrado Estados Unidos, el documento más célebre de la Ilustración, dejó dicho: “Sostenemos como evidentes estas verdades: que los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.

Axioma de una vida en comunidad regida por el humanismo que pronto permeó en otros textos fundacionales, como nuestra propia Constitución de Cádiz, en 1812, que incluía entre las obligaciones de los españoles la de ser “justos y benéficos”. ¡Cuánta necesidad tenemos hoy de esta obligación en España!

Pero para los que apenas entienden lo que pueden sumar y restar con guarismos en cuentas de resultados, o sea, sumar ingresos monetarios, restar pérdidas económicas, solo cuentan los índices del PIB, el porcentaje del IRPF o el índice de masa corporal… y abominan con chuscas chanzas del Índice de Felicidad Humana.

A lo único que estos se permiten aspirar cuando hoy hablan de Felicidad Humana es a confundir el término con el de “Seguridad Ciudadana”. Pero no son sinónimos. (A este tema regresaré otro día).

El Índice Global de Felicidad es una publicación anual de Naciones Unidas que mide la felicidad en los países, basándose en diversos factores, como el Apoyo social, la Esperanza de años de vida saludable, la Libertad para tomar decisiones vitales, la Generosidad, la Percepción de la corrupción y, sí, también el PIB per cápita.

Un buen punto de partida, pero para mí todavía un poco demasiado economicista, porque ¿dónde queda medir cualitativamente cuestiones indispensables para la serenidad humana como los valores de pertenencia, de identidad, de saberse valorado, de inclusión en la comunidad, o de autosuficiencia espiritual y emocional…?

Se debe, por tanto, avanzar hacia el concepto de Felicidad Nacional Bruta (FNB) o Felicidad Interna Bruta (FIB), como indicador que mide la calidad de vida en términos más holísticos y psicológicos que el producto interno bruto. Y, después, analizando los factores que inciden en mayor medida en la felicidad humana, desarrollar políticas que los favorezcan.

Lo mismo descubrimos que fomentar el consumismo a ultranza no vale para ser felices tanto como una legislación de horarios laborales afín a nuestra humanidad. Porque valores subjetivos como el bienestar son más relevantes e importantes para los hombres que objetivos como la acumulación de riqueza.

También podremos encontrar cómo la verdadera fortuna se encuentra en los adjetivos. No se trata de promover el desarrollo socioeconómico sin más, sino de hacerlo sostenible y equitativo.

La preservación y promoción de valores culturales, la conservación del medio ambiente y el establecimiento de un buen gobierno son factores que proporcionan más felicidad que el carrito de la compra. Aunque no olvido que ello implica siempre que todos puedan contar con un carrito suficiente, tanto en nuestros distintos barrios como en los diferentes países (ingreso mínimo vital y solidaridad internacional mediante). Algo que es fácilmente posible si todos compartimos.

Algunos aducen dificultades metodológicas para medir este índice. Y con ello se quedan tan campantes, porque así no tienen que afrontar el hecho de tomar decisiones. Pero se engañan, porque si estos elementos no pudieran ser medidos directamente, sí se pueden evaluar los factores que los alteran, considerando dimensiones comparativas como el bienestar psicológico, el uso del tiempo, la vitalidad de la comunidad, o la diversidad humana y medioambiental.

No se trata de buenismo, se trata de mirar la realidad con otros ojos, y no solo para reflejarlo en un articulito como este sino para aplicarlo activamente a las políticas públicas.

Pensémoslo. Creo que más vale la pertenencia que las pertenencias, los valores que el valor (precio), el bien que los bienes, el interés por ser felices todos que los intereses de nuestras cuentas bancarias…

© Fotografía, jaime alejandre, 2020


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